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15 de septiembre de 2025 a las 09:55

McCarthy regresa

La sombra de McCarthy se alarga sobre el presente. El asesinato de Charlie Kirk, activista de derecha, ha desatado una tormenta política que evoca los fantasmas de la caza de brujas del pasado. Dos narrativas luchan por imponerse, una orquestada desde las altas esferas del poder y otra que se abre paso en los márgenes, en las redes sociales y los medios liberales.

La versión oficial, amplificada por el presidente Trump y su círculo, dibuja a Kirk como una víctima del "odio de la izquierda radical". Una izquierda amorfa, casi fantasmal, que según Stephen Miller, "odia todo lo que es bueno, justo y bello". Un discurso maniqueo que divide el mundo en dos bandos: el de la luz, representado por la derecha conservadora, y el de las tinieblas, donde se aglutinan todos aquellos que osan disentir. Esta narrativa, convenientemente alimentada por la derecha religiosa, señala a cualquier voz crítica como potencial extremista, justificando así una nueva ola de persecución ideológica. En este relato, Tyler Robinson, el joven de 22 años que confesó el crimen, se convierte en un instrumento del odio izquierdista, motivado por el supuesto resentimiento hacia las posturas anti-trans de Kirk.

Sin embargo, una segunda versión, menos difundida pero no por ello menos inquietante, apunta hacia la extrema derecha. Se habla del movimiento "Groyper", cuyos miembros consideran a los seguidores de Trump demasiado moderados. En esta lectura, el asesinato de Kirk sería un acto de violencia perpetrado por la ultraderecha, un siniestro recordatorio de la radicalización que se gesta en las sombras.

La primera narrativa, sin embargo, cuenta con una ventaja crucial: la maquinaria propagandística del poder. No solo se alinea con las interpretaciones policiales preliminares, sino que sirve a los intereses políticos de la derecha. Como señala la historiadora Heather Cox Richardson, la táctica recuerda a la empleada por McCarthy: construir un enemigo interno, presentarlo como una amenaza a los valores nacionales y manipular la opinión pública para justificar la represión. Un juego peligroso que se alimenta de la desinformación y el escándalo, saltando de un objetivo a otro antes de que la verdad pueda salir a la luz.

Pero a diferencia de la época de McCarthy, la derecha ya no está en la oposición. Ocupa el poder en un país profundamente dividido, donde la polarización política ha alcanzado niveles alarmantes. La reacción ante la muerte de Kirk ha sido visceral. Mientras se le ensalza como mártir, se persigue y se silencia a quienes se atreven a cuestionar su legado. Una espiral de intolerancia que amenaza con sofocar el debate público y erosionar los cimientos de la democracia.

La historia de McCarthy, aunque finalmente desenmascarado, dejó una huella profunda en la sociedad estadounidense. Para algunos, representa un patriotismo frustrado, para otros, la encarnación de una paranoia peligrosa. Hoy, ante el nuevo espectro de la caza de brujas, la pregunta es si seremos capaces de aprender de los errores del pasado o si, por el contrario, estaremos condenados a repetirlos. El futuro de la democracia, quizás, dependa de la respuesta.

Fuente: El Heraldo de México