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12 de septiembre de 2025 a las 09:10

Liderazgo en tiempos difíciles

La profunda crisis de liderazgo que azota al mundo actual nos deja en una preocupante encrucijada. Mientras la tecnología avanza a pasos agigantados, la humanidad parece retroceder en valores fundamentales. Asistimos a un espectáculo desolador: líderes políticos ensimismados en sus propias agendas, incapaces de alzar la voz ante las injusticias y las tragedias que se desarrollan a diario en el escenario global. Se limitan a apagar incendios dentro de sus fronteras, ignorando el incendio que amenaza con consumir al mundo entero. Ucrania, Rusia, Israel, Palestina… son solo algunos ejemplos de la ineficacia de una clase política que ha perdido el rumbo, anestesiada ante el sufrimiento ajeno.

Organismos internacionales como la ONU, otrora símbolos de esperanza y cooperación, se han convertido en meros espectadores, maniatados por la burocracia y la inacción. Su asamblea, antaño foro de debate y resolución de conflictos, se asemeja ahora a una caricatura, una parodia de lo que debería ser. El Consejo Permanente, pieza clave en la resolución de disputas, se encuentra en el ojo del huracán, contribuyendo al problema en lugar de solucionarlo. ¿Dónde queda la diplomacia? ¿Dónde queda la voluntad de construir un mundo mejor?

Incluso las iglesias, tradicionalmente bastiones de la fe y la compasión, parecen haber perdido su fuerza. Si bien se agradecen los llamados a la oración, como el del Papa León XIV por los niños afectados por la guerra, ¿es suficiente? ¿No se espera algo más de quienes representan la voz de Dios en la Tierra? Se necesita acción, no solo plegarias. Se necesita una respuesta contundente a la altura de las circunstancias.

En esta era de avances tecnológicos sin precedentes, de inteligencia artificial y producción masiva de alimentos, el hambre, la desigualdad y las guerras siguen azotando a la humanidad. Mientras algunos acumulan fortunas inimaginables, como Larry Ellison, que recientemente desbancó a Elon Musk como la persona más rica del mundo, millones viven en la miseria. ¿De qué sirve tanta riqueza si no se utiliza para aliviar el sufrimiento ajeno? ¿De qué sirve la tecnología si no se pone al servicio del bien común?

Vivimos en un mundo paradójico, donde la opulencia convive con la pobreza extrema, donde la tecnología convive con la barbarie. Una época de grandes avances, sí, pero también una época profundamente deshumanizada. Necesitamos líderes con visión, con coraje, con compasión. Líderes que estén a la altura de los desafíos que enfrentamos. Líderes que no se conformen con orar, sino que actúen.

Y mientras el mundo se debate en esta crisis de liderazgo, en nuestro propio entorno también enfrentamos problemas que requieren respuestas inmediatas. El caso de la pipa accidentada en la CDMX, por ejemplo, exige una investigación transparente y eficiente por parte de la Fiscalía. La lentitud en los peritajes, como ya hemos visto en otros casos, solo alimenta las especulaciones y la desconfianza. Se necesita claridad, se necesita justicia.

Por otro lado, la decisión de la presidenta Claudia Sheinbaum de aplicar tasas a las autopartes chinas, si bien compleja, demuestra la importancia de priorizar los intereses nacionales y proteger la economía local. Un acto de valentía política que, sin duda, tendrá repercusiones significativas.

Finalmente, el rescate de Pemex, aunque costoso, es una medida necesaria para saldar las deudas con los proveedores y reactivar un sector clave para la economía del país. Más allá de las responsabilidades pasadas, es fundamental mirar hacia el futuro y tomar las decisiones que permitan reconstruir y fortalecer a la petrolera. En un mundo incierto, la estabilidad económica es más importante que nunca.

Fuente: El Heraldo de México