
26 de agosto de 2025 a las 09:30
S.O.S. Cancillería: ¿Se hunde el barco?
Compañeros del Servicio Exterior Mexicano, colegas, amigos, ¿recuerdan la solemnidad que nos embargaba al representar a México en el mundo? Recuerdo el peso de la historia en nuestros hombros, la herencia de Isidro Fabela, los ecos de la Diplomacia Insurgente resonando en cada palabra pronunciada en foros internacionales. Omar Guerrero lo describió con precisión: éramos una categoría especial, por nuestra función y por nuestro ámbito de acción. No éramos simples funcionarios, éramos la voz de México, la extensión de su historia, su cultura y su política en el escenario global.
Desde 1822, la institucionalización y profesionalización del SEM fue una búsqueda constante. Lucas Alamán, con su visión de Estado, sentó las bases. El mérito, la disciplina, el ascenso por rangos, los exámenes rigurosos, la incorporación de la rama administrativa; cada paso fue un ladrillo en la construcción de un servicio exterior respetado y admirado. El Instituto Matías Romero, impulsado por la visión de Fernando Solana, se convirtió en la cuna de la diplomacia mexicana, formando generaciones de profesionales con la capacidad de navegar las complejidades de las relaciones internacionales.
El silencio que se imponía cuando hablaban figuras como Antonio González de León, Sergio González Gálvez, Miguel Marín y, por supuesto, el laureado Alfonso García Robles, no era casualidad. Era el respeto ganado a pulso, el reconocimiento a la solidez de sus argumentos, a la profundidad de su conocimiento. Era la voz de un México que se hacía escuchar, un México que aportaba al diálogo global.
Ese SEM, el que construimos con dedicación y esfuerzo a lo largo de décadas, el SEM que me enorgullece haber servido por más de 40 años, desde Agregada Diplomática hasta Embajadora ante los Estados Unidos de América, ese SEM está siendo desmantelado sistemáticamente. Lo que antes era un orgullo, ahora es motivo de profunda tristeza y preocupación.
El compromiso inicial de respeto por parte del actual gobierno se ha transformado en una manipulación para fines internos. El nombramiento de figuras cuestionables, como el caso de Omar Fayad, y la designación de Rutilio Escandón como Cónsul General en Miami, demuestran un profundo desconocimiento – o quizás un desprecio deliberado – por la carrera diplomática. Y qué decir del nombramiento de Genaro Lozano como embajador en Italia, una decisión que no solo evidencia una falta de comprensión de las complejidades de la diplomacia, sino que también representa una afrenta a la trayectoria y la preparación de quienes hemos dedicado nuestra vida al Servicio Exterior.
¿Dónde quedó el rigor? ¿Dónde quedó el mérito? ¿Dónde quedó el respeto por la institución? Estas preguntas resuenan en el vacío que ha dejado la destrucción del SEM. Es un llamado a la reflexión, a la defensa de lo que con tanto esfuerzo construimos, a la reivindicación del profesionalismo y la experiencia en la diplomacia mexicana. No podemos permitir que la voz de México en el mundo se apague. No podemos permitir que el legado de generaciones de diplomáticos se desvanezca. Es nuestra responsabilidad alzar la voz y defender el futuro del Servicio Exterior Mexicano.
Fuente: El Heraldo de México