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26 de agosto de 2025 a las 17:20

Sacerdote asaltado: Roban $62 mil en brutal agresión

La tranquilidad de la colonia Tixcacal Opichén, en el poniente de Mérida, se vio brutalmente interrumpida por un acto de violencia que ha conmocionado a la comunidad. Un sacerdote, figura de respeto y consuelo para muchos, fue víctima de una salvaje agresión en su propia casa, un espacio que debería ser sinónimo de seguridad y paz. Dos individuos, amparados en la oscuridad y la cobardía, irrumpieron en la vivienda del presbítero E.V.P., desatando una ola de violencia que ha dejado profundas heridas, no solo físicas, sino también en el tejido social de la colonia.

Los detalles del ataque, revelados por la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), son escalofriantes. No se trató de un simple robo; fue un acto premeditado de crueldad. Los agresores, lejos de conformarse con sustraer los bienes materiales, infligieron una brutal golpiza al sacerdote, propinándole severas lesiones en todo el cuerpo, concentrándose especialmente en la cabeza, una zona vital y vulnerable. Imaginen el terror del presbítero, la impotencia ante la barbarie que se cernía sobre él.

La violencia no se detuvo allí. Tras la golpiza, los asaltantes ataron de pies y manos al religioso con un cable, amordazándolo para silenciar sus gritos de auxilio. Como si se tratara de una escena extraída de una película de terror, arrastraron al sacerdote hasta el baño, donde lo encerraron, dejándolo a merced del miedo y la incertidumbre. Mientras tanto, los delincuentes se apoderaron de 62,500 pesos en efectivo, un teléfono celular, documentos personales y otras pertenencias del cura. Un botín que, sin duda, palidece ante la magnitud del daño infligido a la víctima.

La rápida actuación de la Policía Estatal de Investigación (PEI), en coordinación con la Fiscalía de Yucatán, ha permitido la captura de uno de los implicados, identificado como Ángel Gabriel “N”, un joven de 20 años y de oficio pintor. Este individuo, ahora enfrentando la justicia, deberá responder por el delito de robo cometido con violencia. Sin embargo, la búsqueda del segundo agresor continúa. Las autoridades han intensificado las pesquisas, desplegando todos los recursos a su alcance para dar con su paradero y llevarlo ante la justicia.

Este lamentable suceso nos obliga a reflexionar sobre la seguridad en nuestras comunidades. La violencia, en cualquiera de sus formas, es inaceptable. Debemos unirnos como sociedad para proteger a los más vulnerables y exigir que se aplique todo el peso de la ley a quienes atentan contra la integridad física y el patrimonio de los demás. La captura de uno de los responsables es un paso importante, pero la lucha contra la delincuencia no termina aquí. Debemos mantenernos vigilantes y trabajar juntos para construir un entorno donde la paz y la seguridad sean la norma, no la excepción. El caso del sacerdote agredido en Tixcacal Opichén es un llamado a la acción, un recordatorio de que la seguridad es una responsabilidad compartida. ¿Qué medidas podemos implementar en nuestras comunidades para prevenir futuros actos de violencia? ¿Cómo podemos fortalecer la colaboración entre ciudadanos y autoridades para crear un entorno más seguro para todos? Estas son preguntas que debemos plantearnos y responder con acciones concretas. El futuro de nuestra sociedad depende de ello.

Fuente: El Heraldo de México