
26 de agosto de 2025 a las 09:40
¿Reforma electoral justa o trampa política?
La maquinaria política mexicana vuelve a rugir, y con ella, el espectro de la reforma electoral se cierne sobre el país. Como un mantra repetido hasta la saciedad, se nos habla de austeridad y eficiencia, de la necesidad de "mejorar la representatividad". Pero tras estas palabras, ¿qué se esconde realmente? ¿Cuáles son los verdaderos motores de esta transformación inminente?
La historia nos enseña que ninguna reforma es inocente. Todas obedecen a intereses, algunos legítimos, otros ocultos bajo el manto de las buenas intenciones. En el caso de México, las reformas electorales pasadas buscaron, al menos en teoría, democratizar el sistema, abriendo espacios a la oposición y estableciendo mecanismos para una contienda más justa. Se buscaba nivelar el campo de juego, limitar la influencia del dinero y garantizar la transparencia.
Pero en esta nueva iteración, la pregunta fundamental, el "¿para qué?", brilla por su ausencia. La justificación oficial, centrada en el ahorro y la representatividad, se antoja insuficiente, casi una cortina de humo que oculta las verdaderas motivaciones. El sentido de urgencia, la premura con la que se impulsa esta reforma, despierta suspicacias. ¿A qué se debe esta prisa? ¿Es acaso el temor a un escenario político adverso en 2027, con una oposición, ya de por sí debilitada, que pueda capitalizar el descontento social? ¿O se trata de una estrategia a largo plazo, con miras a 2030, que busca moldear el sistema electoral a conveniencia?
Las dudas se multiplican. Se habla de reducir el financiamiento a los partidos, una medida que, si bien puede sonar atractiva en tiempos de austeridad, conlleva riesgos importantes. Si el dinero público se restringe, ¿qué impedirá que fluyan recursos por vías opacas, incluso ilegales? La historia, lamentablemente, está llena de ejemplos.
La propuesta de rediseñar el sistema de plurinominales, asignando escaños a las candidaturas más votadas, también genera inquietud. En un contexto de polarización, ¿podría esto beneficiar a la alianza gobernante, permitiéndole acaparar el poder a través de una estrategia de división y conquista?
El proceso de discusión de la reforma es, sin duda, un elemento crucial. ¿Será un diálogo genuino, con la participación activa de la ciudadanía, o una mera simulación, una "caja de resonancia" del oficialismo? La experiencia reciente nos inclina hacia el escepticismo. La fractura entre el gobierno y sus críticos, la falta de espacios para el debate constructivo, son señales preocupantes.
Como bien señalaba Steven Levitsky, el liberalismo tradicional parece haber perdido su capacidad de movilización. En su lugar, los discursos populistas, con su carga emocional y su retórica simplista, ganan terreno. México no es ajeno a esta tendencia global. Si la ciudadanía permanece pasiva, si no se alza la voz para defender los valores democráticos, el futuro se vislumbra sombrío. Cambios desde el poder para perpetuar el poder, con un país adormecido mientras se erosionan sus libertades y su pluralidad.
Es hora de despertar. Es hora de exigir respuestas. Es hora de participar activamente en la construcción de un futuro democrático. El silencio, la apatía, son cómplices de la erosión de nuestras libertades. Como decía De Gaulle, la política es demasiado seria para dejarla en manos de los políticos.
Fuente: El Heraldo de México