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26 de agosto de 2025 a las 09:30
Encuentra la luz en la poesía
La obra de Han Kang, galardonada con el Premio Nobel de Literatura, a menudo se asocia con la potencia narrativa de sus novelas, pero ¿qué hay de la voz lírica que se esconde tras sus versos? A menudo eclipsada por la magnitud de sus obras en prosa, la poesía de Han Kang es un tesoro que merece ser descubierto. Al igual que en sus novelas, en sus poemas la autora surcoreana demuestra una maestría inigualable para diseccionar la condición humana con una precisión casi quirúrgica, explorando los rincones más oscuros de la experiencia con una delicadeza conmovedora.
Su lenguaje, lejos de ser un simple vehículo de expresión, se convierte en un bisturí que desvela las heridas del alma, un instrumento que explora la fragilidad de la existencia con una honestidad brutal. No busca embellecer el dolor ni edulcorarlo con falsas promesas de consuelo, sino que lo enfrenta de frente, con la valentía de quien se atreve a mirar directamente al abismo. Han Kang no escribe para escapar del miedo, sino para sumergirse en él, para dejarse arrastrar por sus corrientes turbulentas y emerger con una nueva comprensión de la vida y la muerte.
En su obra poética, la autora surcoreana construye un universo propio donde el cuerpo se convierte en el epicentro de la experiencia. No se trata de un cuerpo idealizado, sino de un cuerpo vulnerable, expuesto a los embates del mundo, a la fuerza implacable de la naturaleza y al vértigo de la soledad. A través de sus versos, Han Kang nos invita a habitar ese cuerpo poético, a sentir en nuestra propia piel la fragilidad de la existencia, el temblor ante lo desconocido y la persistencia de la vida incluso en los momentos más oscuros.
Lejos de buscar refugio en la abstracción, la poesía de Han Kang se ancla en lo concreto, en la experiencia sensorial del mundo. Sus poemas son un canto a la vida en toda su complejidad, una oda a la belleza que se esconde en los rincones más inesperados, incluso en el dolor y la pérdida. Con una prosa poética que cautiva y conmueve, Han Kang nos recuerda que la verdadera fuerza reside en la capacidad de aceptar nuestra propia vulnerabilidad, de abrazar la incertidumbre y de encontrar la belleza en la imperfección.
"Guardé el anochecer en el cajón", uno de sus poemarios más aclamados, es un claro ejemplo de esta maestría poética. En cada verso, el lector se encuentra con un universo de sensaciones, con imágenes que se graban en la memoria y que resuenan mucho después de haber terminado la lectura. Han Kang no solo escribe poesía, sino que la vive, la respira, la transforma en una experiencia tangible que nos conecta con nuestra propia humanidad.
Su obra, tanto en prosa como en verso, es un testimonio de la fuerza transformadora del lenguaje, de su capacidad para sanar las heridas del alma y para iluminar los rincones más oscuros de la experiencia humana. Han Kang nos invita a un viaje interior, a una exploración profunda de nosotros mismos y del mundo que nos rodea, un viaje que nos transformará para siempre. No se trata de una lectura fácil, pero sí de una lectura necesaria, una lectura que nos recordará la importancia de abrazar la vida en toda su complejidad, con sus luces y sus sombras.
Fuente: El Heraldo de México