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26 de agosto de 2025 a las 09:30

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La tensión se palpa en el aire. El domingo se acerca inexorablemente, trayendo consigo la promesa del Maratón de la Ciudad de México. Las piernas pesan, no solo por el entrenamiento acumulado, sino por el peso de la expectativa. La mente, ese fiel compañero de ruta, ahora se transforma en un saboteador implacable, susurrando dudas e incertidumbres. "¿Fue suficiente?", se pregunta uno. "¿Podré con la distancia? ¿Y si me lesiono? ¿Y si…?". Es una danza familiar para cualquier corredor, una batalla interna entre la ambición y el miedo. No importa si eres un veterano con la medalla del finisher grabada en la memoria o un novato a punto de dar el salto a los 42K, el monstruo de la duda siempre acecha en los días previos a la gran prueba.

Lo he vivido en carne propia, esa sensación de vacío en el estómago, la inquietud que se apodera del cuerpo. He aprendido, a base de kilómetros y experiencia, que la clave está en silenciar ese coro de voces negativas. El trabajo ya está hecho. Los meses de preparación, el sudor derramado en cada entrenamiento, la disciplina forjada a base de madrugadas y sacrificios, todo eso ha construido una base sólida. Ahora es momento de confiar.

La incertidumbre es inherente al maratón. Aunque hayas recorrido el mismo circuito una y otra vez, cada carrera es un territorio inexplorado. Las condiciones climáticas, el estado de ánimo, la energía del público, todo influye en la experiencia. Aceptar esa imprevisibilidad, abrazar la posibilidad de lo desconocido, es parte del desafío. La lucha no es solo contra el cronómetro, sino contra uno mismo, contra esa voz interna que intenta convencernos de que no podemos.

En estos días previos, la palabra "maratón" nos persigue como una sombra. Aparece en las redes sociales, en las conversaciones con amigos y familiares, en los anuncios publicitarios. El mundo parece girar en torno a esos 42 kilómetros. Por eso, es fundamental aislarse del ruido, desconectar del bombardeo informativo y concentrarse en lo esencial: descansar, relajarse y cuidar la alimentación.

La carga de carbohidratos, ese ritual sagrado de los corredores, no es una excusa para un festín descontrolado. Se trata de nutrir el cuerpo con la energía necesaria para afrontar el esfuerzo. Aumentar la ingesta de carbohidratos complejos, como los que encontramos en la avena, el arroz, las papas, las lentejas y las frutas, es clave para llenar los depósitos de glucógeno muscular y hepático. No olvidemos la hidratación, fundamental para optimizar el almacenamiento de glucógeno.

El sueño, ese gran aliado del deportista, juega un papel crucial en la recuperación y el rendimiento. El sueño del viernes, curiosamente, tiene un impacto directo en nuestro desempeño del domingo. Si el sábado te cuesta conciliar el sueño, no te preocupes, el efecto de esa mala noche se sentirá el lunes.

Correr un maratón es un acto de valentía, una prueba de resistencia física y mental. Cada paso hacia la meta es una pequeña victoria, una celebración de la vida. Visualízate cruzando la línea de llegada, siente la emoción del logro, la satisfacción del deber cumplido. Has entrenado duro, has superado obstáculos, has llegado hasta aquí. Ahora es el momento de convertir tu sueño en realidad. En sus marcas, listos… ¡fuera!

Fuente: El Heraldo de México