
26 de agosto de 2025 a las 08:15
Descubre el Cabo Secreto
Más allá de las playas doradas y el lujo que caracterizan a Los Cabos, se esconde un universo de historias y rincones fascinantes, esperando ser descubiertos. Como si se tratara de un tesoro oculto, Cabo Falso emerge como un susurro del pasado, un eco de una época en la que la navegación era una aventura y los faros, guardianes solitarios en la inmensidad del océano. No es un cabo cualquiera; es un punto en el mapa que ha vivido la gloria y el olvido, la algarabía y la soledad.
Imaginen la escena: principios del siglo XX, el Porfiriato en su apogeo, la modernidad asomándose tímidamente en un mundo todavía dominado por la naturaleza indómita. En medio de este escenario, se erige un faro en Cabo Falso, una estructura imponente destinada a guiar a los navegantes a través de las traicioneras aguas de la región. Su luz, alimentada por alcohol, se convertía en la única referencia en la oscuridad, un faro de esperanza para aquellos que se aventuraban en el mar.
Sin embargo, la historia de Cabo Falso no se limita a la funcionalidad de su faro. Entre sus muros se tejió una leyenda, una anécdota que nos habla de la astucia y la picardía de los locales. El alcohol, combustible esencial para la luz del faro, desaparecía misteriosamente, dejando a los encargados perplejos. ¿Un fantasma sediento? ¿Un error de cálculo? La realidad, mucho más terrenal y divertida, apuntaba a los habitantes de la zona, quienes, con ingenio y una pizca de osadía, diluían el preciado líquido con agua para luego disfrutarlo en secreto. Una travesura que, sin duda, amenizaría las noches bajo el cielo estrellado de Baja California Sur.
La llegada de la electricidad marcó un punto de inflexión en la historia de Cabo Falso. El faro, antaño símbolo de progreso y modernidad, quedó relegado al olvido. Los barcos ya no necesitaban su guía, y el bullicio que lo rodeaba se desvaneció, dejando tras de sí un silencio espectral. Hoy, Cabo Falso se erige como un testigo mudo del paso del tiempo, un monumento a una época en la que la tecnología y la tradición se entrelazaban en una danza peculiar. Su estructura, aunque abandonada, conserva la magia de su pasado, atrayendo a los aventureros que se atreven a explorar los rincones menos conocidos de Los Cabos.
Llegar a Cabo Falso no es tarea fácil. No hay caminos pavimentados ni señalizaciones turísticas. Es necesario adentrarse en el territorio a caballo, en vehículos todo terreno o incluso, para los más audaces, a lomos de un camello. La travesía, sin embargo, merece la pena. Alcanzar este rincón olvidado es como viajar en el tiempo, conectar con la esencia misma de Los Cabos, más allá del glamour y la sofisticación. Es descubrir una faceta diferente, auténtica y llena de historia. Un recordatorio de que, en los lugares más inesperados, se esconden las historias más fascinantes. Y Cabo Falso, sin duda, es una de ellas.
Fuente: El Heraldo de México