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26 de agosto de 2025 a las 03:35

Amiga roba ahorros tras engaño y secuestro

La pesadilla comenzó con una invitación aparentemente inocente. Una propuesta para acompañar a una conocida, alguien con quien había compartido momentos sin sospechar nada, a un centro comercial en el sur de Bogotá. Un simple retiro de dinero, eso era todo. La joven, dedicada al modelaje webcam, jamás imaginó que esta aparente trivialidad se convertiría en la antesala de un infierno. Confiada, accedió a la petición de su supuesta amiga. "Venga, yo pido el carro y nos vamos para el trabajo", le dijo la mujer, palabras que ahora resuenan en su memoria con un eco siniestro. Subieron al taxi, un vehículo que en cuestión de segundos se transformaría en una trampa.

La luz roja del semáforo marcó el punto de inflexión. Tres hombres armados irrumpieron en la escena, una coreografía brutal que parecía perfectamente orquestada. Bajaron a la supuesta amiga, dejando a la víctima atrapada en un torbellino de miedo e incertidumbre. Las palabras de los agresores, cargadas de una precisión escalofriante, confirmaron sus peores temores: sabían cada uno de sus movimientos. "Sabemos que tienes plata, que fuiste a la peluquería, que luego fuiste al centro comercial, retiraste tu dinero y te ibas para tu casa. Danos las cuentas y las claves", exigieron, demostrando un conocimiento detallado de su rutina. La joven, presa del pánico, comprendió la magnitud de la traición. Su amiga, la persona en quien había confiado, la había entregado a los lobos.

El taxi se convirtió en una prisión móvil, alejándola cada vez más de la seguridad de la ciudad. La llevaron fuera de Bogotá, a un territorio desconocido donde intentaron saquear sus cuentas bancarias. El terror se intensificaba con cada kilómetro recorrido. Finalmente, la trasladaron a una habitación en Ciudad Bolívar, un lugar que se convertiría en su celda. El hambre la atenazaba, y cuando le ofrecieron una sopa, la aceptó sin dudar. Sin embargo, un mal presentimiento la invadió al probarla. Un sabor extraño, una somnolencia repentina… "Apenas me la tomé, me quedé dormida", recuerda con voz temblorosa. Al despertar, la realidad la golpeó con toda su crudeza: estaba encerrada. Pero un rayo de esperanza se filtró a través de una pequeña ventana abierta, una vía de escape que no dudó en aprovechar.

La huida fue una carrera desesperada contra el tiempo, una lucha por recuperar su libertad. Logró llegar a la Policía Metropolitana de Bogotá, donde relató su aterradora experiencia. Desde allí, fue trasladada al Hospital Meissen, donde los médicos le realizaron exámenes para determinar si había sido drogada. Mientras espera los resultados, la joven lucha contra el trauma, contra el recuerdo de las horas de terror que vivió. La traición de su supuesta amiga, la violencia de los secuestradores, la incertidumbre del futuro… Todo se agolpa en su mente, dejando cicatrices profundas.

La investigación está en marcha. La Policía busca a los responsables, mientras la víctima, despojada de sus ahorros y de su tranquilidad, clama por justicia. Su historia, un crudo testimonio de la vulnerabilidad y la perfidia, se convierte en una alerta para todos. Un recordatorio de que la confianza mal depositada puede tener consecuencias devastadoras, y de que la seguridad, a veces, pende de un hilo tan frágil como la palabra de un falso amigo.

Fuente: El Heraldo de México