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26 de agosto de 2025 a las 07:30

Alpinista rescatada tras polémica decisión.

La imponente silueta del Jengish Chokusu, el Pico de la Victoria, se yergue como un gélido coloso en la frontera entre Kirguistán y China. Su belleza, sin embargo, esconde un drama desgarrador: la lucha por la supervivencia de Natalia Nagovitsyna se ha apagado bajo el manto implacable del hielo y la nieve. Trece días después de que una fractura en su pierna la dejara atrapada en las alturas, las esperanzas de rescate se han desvanecido como la niebla en la montaña. El clima, un adversario implacable en estas altitudes extremas, ha dictado la sentencia.

La noticia golpea con la fuerza de una avalancha. La comunidad alpinista internacional, con el aliento contenido durante días, recibe el anuncio con una mezcla de tristeza y resignación. La experiencia de Nagovitsyna, su tenacidad, no han sido suficientes para vencer la furia de la naturaleza. La montaña, testigo silencioso de innumerables ascensos y descensos, se ha cobrado un precio demasiado alto. No solo la vida de la alpinista rusa pende de un hilo, sino que también se ha cobrado la vida de uno de sus rescatistas, el italiano Luca Sinigaglia, quien valientemente intentó alcanzarla en medio de condiciones infernales. Un doble golpe que subraya la crueldad inherente a estos desafíos.

Las críticas a las autoridades kirguisas no se han hecho esperar. La decisión de suspender la búsqueda, aunque justificada por las peligrosas condiciones meteorológicas, ha levantado ampollas entre quienes se aferraban a la esperanza de un milagro. "¿La dejaron morir?", se preguntan algunos, con la voz entrecortada por la indignación. La polémica pone de manifiesto la complejidad de los rescates en alta montaña, donde la delgada línea entre la prudencia y la desesperación se difumina en la niebla.

El último avistamiento de Natalia, captado por la lente de un dron, se convierte ahora en una imagen fantasmal. Se la ve en una cresta cercana a la cima, una figura solitaria contra la inmensidad del paisaje. ¿Qué pensamientos la habrán acompañado en sus últimos momentos? ¿Habrá encontrado consuelo en la majestuosidad de las montañas que tanto amaba?

La historia de Natalia Nagovitsyna se entrelaza con la de su esposo, Sergei, quien también perdió la vida en una expedición a otra de las cumbres Leopardo de las Nieves. Una tragedia que se repite, dejando una huella imborrable en la memoria de la comunidad alpinista. La lealtad inquebrantable de Natalia hacia Sergei, negándose a abandonarlo hasta la llegada de los rescatistas, se convierte en un testimonio conmovedor de amor y compromiso.

El Jengish Chokusu, uno de los cinco picos que conforman el prestigioso desafío de los Leopardo de las Nieves, es un imán para los alpinistas más audaces. Sus 7.439 metros de altura representan un reto extremo, reservado para aquellos que buscan poner a prueba sus límites. La escasa cantidad de personas que han conquistado los cinco picos, apenas 700, incluyendo solo 30 mujeres, refleja la magnitud de la hazaña. La montaña, con sus temperaturas gélidas y su ventana de escalada limitada, se erige como un guardián implacable, exigiendo respeto y cobrando un alto precio a quienes osan desafiarla.

La recuperación del cuerpo de Natalia Nagovitsyna se pospone hasta la primavera. La montaña, que la ha reclamado como suya, la liberará solo cuando las condiciones lo permitan. Su nombre, sin embargo, resonará en los ecos del viento, un recordatorio constante de la fragilidad de la vida frente a la inmensidad de la naturaleza. Una historia que se suma a la larga lista de tragedias en la montaña, un testimonio de la valentía y la pasión de aquellos que buscan alcanzar las cumbres, a pesar de los riesgos.

Fuente: El Heraldo de México