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26 de agosto de 2025 a las 00:10

Murciélago gigante ¡en Chiapas!

La imponente Selva Lacandona, un tesoro de biodiversidad en el corazón de Chiapas, nos ha revelado un nuevo secreto: la presencia del majestuoso Phyllostomus hastatus, un gigante entre los murciélagos. Imaginen un animal nocturno, con alas que se despliegan hasta alcanzar los 60 centímetros, surcando los cielos de la selva. Con sus casi 100 gramos de peso, este coloso alado se convierte en el segundo murciélago más grande de América, solo superado por el mítico murciélago espectral (Vampyrum spectrum).

Su apariencia es inconfundible: un pelaje oscuro como la noche, un cuerpo robusto que denota su poderío y una nariz en forma de hoja que le otorga un aura de misterio. El biólogo Carlos Alberto Guichard Romero, director operativo del prestigioso Zoológico Miguel Álvarez del Toro (ZooMAT), ha confirmado la importancia de este descubrimiento. Anteriormente, el Phyllostomus hastatus se había documentado en países vecinos como Belice y Guatemala, pero su presencia en Chiapas no solo amplía su distribución conocida, sino que también refuerza el papel crucial de la Selva Lacandona como un santuario para especies únicas.

Este hallazgo, validado por una publicación científica, describe el encuentro con estos magníficos ejemplares en un árbol de ceiba, un gigante de la selva que sirve de hogar a esta fascinante criatura. La presencia del Phyllostomus hastatus en Chiapas no es una casualidad, sino una confirmación de la riqueza natural de la región y de la conectividad biológica que existe entre los países de Centroamérica.

Lejos de las leyendas que a menudo rodean a los murciélagos, el Phyllostomus hastatus, a pesar de su imponente tamaño, no representa una amenaza para los humanos ni para otros animales. Su dieta, a diferencia de algunas especies de murciélagos de gran tamaño que son carnívoras, se basa principalmente en insectos y frutos. De hecho, estos gigantes alados desempeñan un papel ecológico fundamental en la regeneración de los bosques tropicales. Su labor como dispersores de semillas y controladores de poblaciones de insectos contribuye al delicado equilibrio de estos ecosistemas vitales.

La protección de esta especie, y de todas las que habitan la Selva Lacandona, es una tarea crucial para preservar la biodiversidad de Chiapas y del planeta. Cada especie, desde el más pequeño insecto hasta el majestuoso Phyllostomus hastatus, forma parte de una intrincada red de vida que debemos proteger para las futuras generaciones. El descubrimiento de este magnífico murciélago nos recuerda la importancia de la investigación científica y la conservación de nuestros recursos naturales. Nos invita a maravillarnos con la riqueza de la vida que nos rodea y a asumir la responsabilidad de protegerla. La Selva Lacandona, con sus secretos aún por descubrir, nos llama a explorar, a conocer y a conservar su invaluable patrimonio natural.

Fuente: El Heraldo de México