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25 de agosto de 2025 a las 13:35

Lisa confiesa tras sentencia: ¿Qué pasó con su hijastra?

Tras ocho largos años tras las rejas en una prisión de Arizona, la historia de Lisa Marie Cunningham continúa generando controversia y desatando un torrente de preguntas sin respuesta. Condenada por el asesinato en primer grado de su hijastra Sanaa, de tan solo siete años, Lisa clama su inocencia desde el confinamiento, pintando un cuadro de tragedia médica en lugar de un acto intencionado. Sus palabras, cargadas de desesperación, resuenan en los muros de la prisión, mientras la lucha por limpiar su nombre se convierte en una batalla contra el tiempo y un sistema que, según ella, la ha juzgado erróneamente.

La pesadilla comenzó en 2017, tras una investigación de diez meses que culminó con la acusación de Lisa y su esposo, Germanayne. La pequeña Sanaa había fallecido a causa de una sepsis, una infección generalizada que devastó su frágil cuerpo. Pero Lisa insiste en que la verdadera culpable no fue la negligencia, sino una serie de eventos desafortunados que comenzaron con un diagnóstico de esquizofrenia de inicio temprano en Sanaa. En una entrevista reciente, Lisa reveló que a la niña se le recetó Risperdal, un antipsicótico que, según ella, no es recomendable para niños menores de 13 años. "El Risperdal mata gente todo el tiempo", afirma con vehemencia, señalando al medicamento como el verdadero desencadenante de la tragedia.

La voz de Lisa se une al coro de su hija, quien defiende la inocencia de su madre con la ferocidad de una leona protectora. Describe a Lisa como una madre amorosa, su "mejor amiga", y pinta un retrato de una familia luchando por comprender y ayudar a una niña con problemas. Sanaa, según su testimonio, también sufría de PICA, un trastorno alimenticio que la impulsaba a ingerir objetos no comestibles. La familia, desesperada por encontrar soluciones, buscó ayuda profesional tras un incidente en el que Sanaa intentó agredir a su hermana menor.

Un psicólogo diagnosticó a Sanaa con esquizofrenia y recomendó la medicación antipsicótica. Un psiquiatra infantil, a su vez, prescribió el Risperdal. Sin embargo, la investigación personal de Lisa la llevó a descubrir la contraindicación del medicamento para niños menores de 13 años. Treinta y seis horas antes de la hospitalización de Sanaa, Lisa asegura haber contactado al psiquiatra, pero sus llamadas quedaron sin respuesta. El estado de Sanaa empeoró rápidamente, obligando a la familia a llevarla primero a urgencias y luego al Hospital Infantil Phoenix. Allí, durante un procedimiento para asegurar su vía aérea, el corazón de la pequeña Sanaa se detuvo, apagándose para siempre.

La autopsia reveló más de cien cortes y moretones en el cuerpo de Sanaa. Mientras Lisa insiste en que estas lesiones eran autoinfligidas, resultado de un diagnóstico de autolesión, un médico consideró la muerte sospechosa debido a una herida séptica en el pie derecho de la niña. La fiscalía argumenta que Sanaa fue confinada en la lavandería, sujeta con bridas, esposas y otros medios improvisados. Lisa niega rotundamente estas acusaciones, calificándolas de "ridículas".

Sin embargo, la sombra de la duda se cierne sobre el caso con la aparición de mensajes eliminados, supuestamente intercambiados entre Lisa y Germayne la noche antes de la muerte de Sanaa. "La tengo parada con las manos detrás de la espalda envueltas en una diadema y todavía está tratando de actuar como una tonta", reza uno de los mensajes atribuidos a Lisa. Germayne respondió expresando su preocupación por los riesgos de esa postura, a lo que Lisa replicó que Sanaa no tenía problemas de salud que la pusieran en riesgo.

Tras la muerte de Sanaa, los hijos menores de Lisa, Gabriel y Eva, fueron puestos bajo custodia estatal, añadiendo otra capa de tragedia a esta historia ya desgarradora. ¿Fue Lisa una madre negligente que llevó a la muerte a su hijastra, o una víctima de las circunstancias, atrapada en una red de errores médicos y malas interpretaciones? El caso de Lisa Marie Cunningham continúa abierto, un doloroso recordatorio de la fragilidad de la vida y la complejidad de la verdad.

Fuente: El Heraldo de México