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25 de agosto de 2025 a las 10:00

Gana un Nobel: Guía Práctica

La reciente y mediática intervención de Trump en el conflicto ucraniano, con sus declaraciones altisonantes y su aparente prisa por alcanzar un acuerdo de paz, nos recuerda a un jinete desesperado que, a punto de caer del caballo, ofrece su reino entero por mantenerse en la silla. Su afán por el Nobel de la Paz, un galardón que sin duda anhela, lo ciega ante la complejidad y la delicadeza que requiere una negociación de esta envergadura. La diplomacia no se construye a golpe de tuit ni se resuelve en cumbres improvisadas. Exige, por el contrario, un trabajo minucioso, discreto, basado en el conocimiento profundo de la historia, las motivaciones de los actores involucrados y, sobre todo, en la paciencia. Mucha paciencia.

Trump, con su estilo propio de reality show, proclama a los cuatro vientos que él, y solo él, puede detener la guerra en Ucrania. Promete una solución rápida y definitiva, como si se tratara del desenlace de un programa de televisión. Sin embargo, tras esa fachada de seguridad y grandilocuencia, se esconde una profunda descomprensión de la realidad geopolítica. Su análisis simplista, reducido a transacciones y concesiones territoriales, ignora la intrincada red de intereses, ambiciones y miedos que alimentan este conflicto.

Un cese al fuego, un primer paso fundamental para cualquier negociación seria, parece estar fuera del alcance de la improvisada diplomacia trumpista. Su propuesta de una cumbre trilateral con Putin y Zelenski choca con la inflexibilidad de ambos líderes. Putin, en su empeño por controlar el destino de Ucrania, se niega a legitimar al gobierno de Zelenski. Este, a su vez, no se sentará a la mesa sin garantías de seguridad concretas por parte de Estados Unidos y sus aliados europeos.

La pretensión de Trump de que Ucrania ceda territorios a Rusia a cambio de una promesa de no adhesión a la OTAN es, cuando menos, ingenua. Un acuerdo de este tipo, sin garantías sólidas y permanentes que disuadan a Putin de futuras agresiones, sentaría un peligroso precedente para la seguridad de toda Europa, especialmente para los países fronterizos con Rusia.

Para Putin, esta guerra no se limita a una disputa territorial. Se trata de su supervivencia política, de su legado histórico, de su ambición de mantener a Rusia en el tablero de las superpotencias. Para Zelenski, la integridad territorial de Ucrania no es negociable. Es una cuestión de supervivencia nacional, de legitimidad de su gobierno. Los líderes europeos, por su parte, son conscientes de que la resolución de este conflicto marcará el futuro de la seguridad del continente.

Al reunirse con Putin sin condiciones previas, al sugerir concesiones territoriales por parte de Ucrania y al descartar su ingreso en la OTAN, Trump debilita la posición negociadora de Kiev y siembra la desconfianza entre los aliados europeos. Su mensaje, intencionado o no, es que está dispuesto a aceptar una paz en los términos de Rusia.

Putin, a diferencia de Trump, no tiene prisa. Sabe que el tiempo juega a su favor. Su objetivo no es un simple acuerdo territorial, sino un control estratégico sobre Ucrania y una mayor influencia en Europa. Un acuerdo que no le garantice estos objetivos no le será aceptable.

La postura de Trump genera una profunda preocupación en Zelenski. Aceptar la pérdida de territorio y renunciar a la OTAN sin garantías de seguridad equivalentes por parte de Occidente sería un suicidio político y nacional. Después de cientos de miles de muertos, pedirle a Zelenski que legitime la ocupación rusa es simplemente inaceptable.

Los europeos observan con inquietud el activismo de Trump. No se trata solo de Ucrania, sino del peligroso precedente de que la agresión sea recompensada. La paz debe construirse con Ucrania, no a costa de ella. Y cualquier negociación debe incluir garantías de seguridad sólidas y verificables.

La historia nos enseña que los conflictos de esta magnitud no se resuelven con plazos arbitrarios ni con declaraciones improvisadas en redes sociales o en medios de comunicación afines. Requieren un compromiso sostenido, un profundo entendimiento de la realidad geopolítica y, sobre todo, credibilidad internacional. Cualidades que, lamentablemente, brillan por su ausencia en la estrategia del aspirante al Nobel de la Paz.

Fuente: El Heraldo de México