
25 de agosto de 2025 a las 13:00
Domina la enseñanza
La educación, pilar fundamental para el desarrollo de cualquier sociedad, se encuentra en un punto crucial de transformación. Mientras que las mujeres constituyen la fuerza motriz en la base del sistema educativo, su presencia se diluye a medida que ascendemos en la escala de liderazgo. Este fenómeno, evidenciado por el reciente informe de la UNESCO "Mujeres liderando por el aprendizaje", nos invita a reflexionar sobre las barreras invisibles que impiden a las mujeres alcanzar puestos de dirección en el ámbito educativo, y sobre todo, a actuar con decisión para derribarlas.
El informe de la UNESCO pone de manifiesto una paradoja: mientras que en la educación preescolar las mujeres representan el 81% de los puestos directivos, este porcentaje se reduce drásticamente al 30% en la educación universitaria. Esta disparidad no es casual. Se trata de un reflejo de las estructuras patriarcales que aún permean en nuestra sociedad y que limitan el acceso de las mujeres a puestos de poder y toma de decisiones. Si bien celebramos la abrumadora presencia femenina en la base del sistema educativo, debemos preguntarnos: ¿qué mecanismos impiden que estas mismas mujeres, con su experiencia y dedicación, asciendan a roles de liderazgo?
La respuesta es compleja y multifacética. Por un lado, existen barreras culturales que asocian el liderazgo con características tradicionalmente masculinas. Por otro, las mujeres a menudo se enfrentan a la doble carga de trabajo, debiendo conciliar las responsabilidades profesionales con las familiares, lo que dificulta su dedicación a la formación continua y al desarrollo de habilidades de liderazgo. Asimismo, la falta de políticas de conciliación y la persistencia de techos de cristal en las instituciones educativas contribuyen a perpetuar esta desigualdad.
Sin embargo, el informe de la UNESCO no solo se centra en los obstáculos. También destaca las valiosas contribuciones de las mujeres al sector educativo. Su liderazgo se caracteriza por un enfoque colaborativo, un mayor compromiso con la comunidad y una especial atención a las necesidades de las niñas y jóvenes, promoviendo políticas que favorezcan su acceso a la educación. Estas cualidades, lejos de ser secundarias, resultan esenciales para construir un sistema educativo más inclusivo y equitativo.
Ante este panorama, la UNESCO lanza un llamado a la acción, instando a la identificación de los obstáculos que frenan el desarrollo profesional de las docentes, a la corrección de las fallas sistémicas que perpetúan la desigualdad y al impulso de políticas que promuevan el ascenso de las mujeres a puestos de liderazgo. Se trata de un llamado a la transformación, a la construcción de un futuro en el que la educación sea liderada por la diversidad y la igualdad de oportunidades.
La tarea no es sencilla. Requiere un compromiso conjunto de gobiernos, instituciones educativas y de la sociedad en su conjunto. Debemos invertir en programas de mentoría y liderazgo para mujeres, promover la flexibilidad laboral y la conciliación familiar, y, sobre todo, desafiar los estereotipos de género que limitan el potencial de las mujeres. Solo así podremos construir un sistema educativo más justo, inclusivo y, en definitiva, más eficaz. El futuro de la educación depende de ello.
Fuente: El Heraldo de México