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25 de agosto de 2025 a las 10:01

Detén la Epidemia Silenciosa

La fragilidad de nuestros huesos, una realidad silenciosa que nos acecha a medida que envejecemos, se ha convertido en una preocupación creciente a nivel mundial. Imaginen un mundo donde un simple tropiezo, una caída desde la propia altura, pueda resultar en una fractura que cambie la vida para siempre. Esta es la realidad para millones de personas que sufren fracturas por fragilidad, un problema que, según la Organización Mundial de la Salud, va en aumento. No se trata solo de huesos rotos, se trata del dolor, la discapacidad, la pérdida de independencia y, en el peor de los casos, la muerte.

El incremento del 33.4% en el número de fracturas registradas en 2019, comparado con décadas anteriores, es una cifra alarmante que nos obliga a reflexionar. El envejecimiento de la población y el crecimiento demográfico son factores que contribuyen a este aumento, pero no son los únicos. Nuestros estilos de vida, cada vez más sedentarios, la falta de ejercicio y una alimentación deficiente juegan un papel crucial en el debilitamiento de nuestros huesos.

Las fracturas de cadera, muñeca y vertebrales son las más comunes en adultos mayores. La fractura de cadera, en particular, es especialmente preocupante debido a su alta tasa de mortalidad, que alcanza hasta un 33% en el primer año. Imaginen el impacto devastador que esto representa, no solo para la persona afectada, sino también para sus familias.

Más allá de la mortalidad, las fracturas por fragilidad tienen un impacto profundo en la calidad de vida. Millones de personas en todo el mundo viven con discapacidad a causa de estas fracturas, limitando su movilidad, su independencia y su capacidad para disfrutar plenamente de la vida.

Pero no todo está perdido. La buena noticia es que podemos tomar medidas para prevenir las fracturas por fragilidad y proteger nuestra salud ósea. El autocuidado es la clave. Desde edades tempranas, debemos adoptar hábitos saludables que fortalezcan nuestros huesos y músculos. Una dieta rica en calcio y vitamina D, la práctica regular de ejercicio, especialmente ejercicios de soporte de peso como caminar o correr, y evitar el consumo excesivo de alcohol y tabaco son fundamentales.

La prevención también implica adaptar nuestro entorno para hacerlo más seguro, especialmente para los adultos mayores. Eliminar obstáculos en el hogar, como tapetes o cables sueltos, asegurar una buena iluminación y fomentar un ambiente emocionalmente positivo son medidas sencillas pero efectivas.

La atención médica oportuna también es esencial. Acudir a nuestro médico de cabecera para una evaluación de nuestra salud ósea y recibir recomendaciones personalizadas es fundamental para la prevención y el tratamiento de la osteoporosis y otras condiciones que debilitan los huesos. Programas como GeriatrIMSS y OrtoGeriatrIMSS, diseñados por el Instituto Mexicano del Seguro Social, son ejemplos de iniciativas que buscan mejorar la atención y la prevención de fracturas por fragilidad.

No esperemos a que sea demasiado tarde. La prevención es la mejor estrategia para proteger nuestra salud ósea y disfrutar de una vida plena y activa a medida que envejecemos. Empecemos hoy mismo a cuidar nuestros huesos, por nosotros mismos y por nuestros seres queridos. Informémonos, consultemos con nuestros médicos y adoptemos un estilo de vida saludable. Nuestro futuro, libre de fracturas y lleno de vitalidad, está en nuestras manos.

Fuente: El Heraldo de México