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25 de agosto de 2025 a las 10:01

Descubre el Pacto de Tlatelolco

Un hito histórico se ha escrito en la Ciudad de México. No sólo por ser la primera vez que una presidenta, Claudia Sheinbaum, lidera un país anfitrión de la Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y El Caribe, sino también por la aprobación del trascendental Compromiso de Tlatelolco. Este emblemático lugar, convertido en epicentro del feminismo y resonando con la historia de la primera conferencia celebrada en 1975, ha sido testigo del trazado de una ruta crítica para impulsar la igualdad de género y la consolidación de la sociedad del cuidado en la región, con una visión proyectada hacia el 2025-2035.

El documento, definido por María-Noel Vaeza, directora regional de ONU Mujeres, como una declaración de principios irrenunciables, consolida la postura firme de América Latina y el Caribe en la defensa de su diversidad, soberanía, solidaridad y profundo carácter feminista. Una afirmación contundente, especialmente relevante en tiempos donde el conservadurismo, como el observado en Argentina, intenta socavar los avances logrados. La ovación que recibió Vaeza en la clausura, su despedida de una fructífera trayectoria, resonó como un reconocimiento a su labor y un símbolo de la fuerza del movimiento.

El Compromiso de Tlatelolco no se limita a enunciados teóricos, sino que aterriza en la praxis al reconocer el cuidado como un derecho humano fundamental, con tres dimensiones interconectadas: el derecho a cuidar, a ser cuidado y al autocuidado. Una visión respaldada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, lo que le otorga un peso jurídico fundamental. Rompe con siglos de naturalización del cuidado como una tarea exclusivamente femenina, una carga que ha perpetuado desigualdades estructurales y limitado la participación plena de las mujeres en todos los ámbitos de la vida.

La creación de sistemas nacionales de cuidados se plantea como un motor para el desarrollo sostenible, un cambio de paradigma que coloca a las personas en el centro de las políticas públicas. Priorizar el cuidado significa apostar por la sostenibilidad de la vida y del planeta, un enfoque integral que reconoce la interdependencia entre el bienestar humano y la salud del ecosistema.

Este logro, fruto del trabajo conjunto entre la CEPAL, ONU Mujeres y el Gobierno de México, es la culminación de décadas de lucha por parte de activistas y colectivos feministas. Su importancia se magnifica al situarlo en el contexto actual: a cuatro años del plazo para la Agenda 2030 y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible, y a treinta años de la Plataforma de Acción de Beijing.

La presencia en el auditorio de mujeres que también participaron en la conferencia de Beijing hace tres décadas, conecta el pasado con el presente, generando una poderosa línea de continuidad en la lucha por la igualdad. Es un recordatorio de la importancia de la memoria histórica y un llamado a la reflexión: ¿Quiénes estarán presentes dentro de diez años y qué balance presentaremos de los avances logrados? La pregunta queda resonando en el aire, impulsándonos a la acción. El Compromiso de Tlatelolco no es un punto de llegada, sino un punto de partida. Es un compromiso con el futuro, un llamado a trabajar sin descanso para construir una sociedad más justa e igualitaria.

Fuente: El Heraldo de México