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26 de agosto de 2025 a las 01:25

Berna 1954: ¿Un Milagro?

La historia del fútbol está plagada de momentos inolvidables, de hazañas épicas y de tragedias deportivas que se graban a fuego en la memoria colectiva. Y entre todas ellas, el Mundial de Suiza 1954 brilla con una intensidad particular, un torneo que encapsula la magia impredecible del deporte rey y que aún hoy, décadas después, sigue generando debate y admiración. Imaginen un mundo sin transmisiones televisivas de fútbol. Difícil, ¿verdad? Pues 1954 fue el año en que el balompié entró en los hogares de millones, permitiendo que la pasión por este deporte trascendiera las fronteras físicas de los estadios. Suiza, un país neutral y pintoresco, abría sus puertas al mundo, convirtiéndose en el epicentro de la emoción futbolística.

Dieciséis selecciones, cada una con sus sueños y aspiraciones, se congregaron en seis sedes, dispuestas a luchar por la gloria. El formato del torneo, peculiar para los estándares actuales, con cabezas de serie que evitaban enfrentarse entre sí, añadió un elemento extra de incertidumbre. Y en medio de este escenario, emergió una Hungría deslumbrante, una máquina de hacer fútbol liderada por el mítico Ferenc Puskás y el letal Sándor Kocsis, un goleador implacable que parecía destinado a inscribir su nombre con letras de oro en la historia de los mundiales. Su racha de 32 partidos invicta, sumado a la humillante goleada 8-3 propinada a Alemania Federal en la fase de grupos, los convertía en los claros favoritos. El mundo entero se preparaba para coronarlos.

Pero el fútbol, caprichoso como siempre, tenía reservado un desenlace diferente. En Berna, en el estadio Wankdorf, ante la mirada atónita de miles de espectadores, se escribió una de las páginas más gloriosas y a la vez dolorosas de la historia del fútbol. Alemania Federal, la misma selección vapuleada días antes, resurgió de las cenizas como un ave fénix. Un 2-0 en contra en los primeros minutos parecía sentenciar su destino. Sin embargo, con una garra y una determinación inquebrantables, lograron lo imposible. Max Morlock y Helmut Rahn, este último con un gol agónico al minuto 84, sellaron la remontada, el 3-2 definitivo que resonaría en la eternidad como “El Milagro de Berna”.

Más que una simple victoria deportiva, este triunfo significó un renacimiento para una Alemania devastada por la posguerra. Fue un símbolo de esperanza, un impulso anímico que trascendió el ámbito deportivo y marcó el inicio de su transformación en una potencia futbolística mundial. Por otro lado, Hungría, a pesar de la dolorosa derrota, quedó inmortalizada como la selección más brillante que jamás haya alzado la Copa del Mundo. Un equipo de leyenda, cuyos nombres siguen resonando en los anales del fútbol.

Y en medio de este torbellino de emociones, México vivió su propia experiencia, una historia marcada por la adversidad. Goleados 5-0 por Brasil en su debut y derrotados 3-2 por Francia, la selección mexicana se despidió del torneo sin puntos, dejando una sensación de frustración que se sumaría a las experiencias previas en mundiales. Sin embargo, estas derrotas, lejos de desalentarlos, servirían como un aprendizaje, un impulso para seguir luchando y mejorando en busca de un futuro más glorioso en la escena internacional. La historia de México en los mundiales, como la de cualquier selección, está tejida con momentos de gloria y de desilusión, y 1954 fue un capítulo más en esa larga y apasionante trayectoria.

Fuente: El Heraldo de México