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25 de agosto de 2025 a las 10:01

Arte en dimensiones desconocidas

La eterna dualidad, la sempiterna tensión entre la luz y la sombra, el bien y el mal, el placer y el dolor. Desde tiempos inmemoriales, la humanidad ha contemplado el horizonte de su existencia con la inquietante certeza de un destino bifurcado: el cielo y el infierno. Estos conceptos, arraigados en lo más profundo de nuestra psique colectiva, han moldeado nuestra moral, nuestras acciones y, en última instancia, nuestra percepción del mundo. Lalo Sánchez del Valle, con la precisión de un cirujano y la sensibilidad de un poeta, disecciona esta dicotomía en su obra "Heaven and Hell", una interpretación visual de la H de El Heraldo de México que nos invita a cuestionar las bases mismas de nuestras creencias.

No se trata de una representación pictórica de ángeles con alas doradas y demonios cornudos, sino de una profunda introspección en la naturaleza humana. Sánchez del Valle nos interpela: ¿son el cielo y el infierno meros lugares de recompensa y castigo, o representan algo más profundo, algo intrínsecamente ligado a nuestra propia existencia? Su propuesta, plasmada en tinta india y grafito sobre papel, trasciende la iconografía religiosa tradicional para adentrarse en los recovecos de la consciencia. Nos invita a un viaje interior, a una exploración de nuestros propios miedos y anhelos.

El artista, con la maestría que lo caracteriza, nos presenta una visión alternativa, una perspectiva que desafía las convenciones establecidas. ¿Qué pasaría si estos reinos etéreos no fueran lugares físicos, sino estados mentales? ¿Y si el cielo y el infierno fueran simplemente las dos caras de una misma moneda, la experiencia humana en toda su complejidad y contradicción? Vivir, amar, sufrir, llorar, odiar… ¿No son acaso estas las emociones que definen nuestro paso por este mundo, las que nos elevan a las alturas del éxtasis y nos precipitan a los abismos del dolor?

Sánchez del Valle no busca respuestas fáciles, no pretende ofrecer una verdad absoluta. Su obra es una invitación al diálogo, una provocación que nos incita a reflexionar sobre la naturaleza de nuestra propia existencia. Nos confronta con la paradoja de un cielo sin infierno, un paraíso artificial, desprovisto de la intensidad y la vitalidad que solo la experiencia del dolor puede otorgar. "Yo no quiero el cielo si no contiene un poco de infierno", afirma el artista, una declaración que resume la esencia misma de su propuesta: la aceptación de la dualidad como parte integral de la vida.

En la obra de Sánchez del Valle, el cielo y el infierno dejan de ser conceptos abstractos para convertirse en metáforas de la condición humana. Un recordatorio de que la luz no puede existir sin la oscuridad, que la alegría no puede ser plenamente apreciada sin la tristeza, que la vida, en toda su plenitud, es un constante vaivén entre opuestos. Una danza eterna entre el cielo y el infierno, un baile que nos define y nos completa. Y es en esa tensión, en esa contradicción, donde encontramos la verdadera belleza, la auténtica esencia de lo que significa ser humano.

Fuente: El Heraldo de México