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26 de agosto de 2025 a las 02:10

Adiós a un gigante de la pantalla

La partida de Luis Alberto Lamata Bethencourt deja un vacío inmenso en el panorama audiovisual venezolano. Más allá de la fría estadística de sus 65 años de vida y más de 50 títulos televisivos, se esconde la historia de un hombre que respiró y transpiró cine y televisión. Un hombre que, desde su formación como historiador en la Universidad Central de Venezuela, supo tejer narrativas que resonaron con la fibra más íntima de la identidad nacional. No se trataba solo de dirigir o escribir, Lamata construía puentes entre el pasado y el presente, entre la ficción y la realidad, entre la pantalla y el corazón del espectador.

Su incursión en el mundo de la televisión, comenzando en RCTV, marcó el inicio de una trayectoria brillante. Desde el ciclo de cuentos de Rómulo Gallegos, donde dejó su huella con producciones como "El Análisis" y "La Fruta del Cercado Ajeno", hasta las telenovelas que conquistaron audiencias internacionales, como "Topacio", "Cristal", "Señora", "La Traidora" y "Las dos Dianas", Lamata demostró una versatilidad y un dominio del lenguaje televisivo pocas veces visto. Cada una de estas obras, galardonadas con premios como "La Venus de la Prensa", "Mara de Oro" y "Guaicaipuro de Oro", son testimonio de su talento innegable y su capacidad para conectar con el público.

Pero su legado no se limita a la pantalla chica. Lamata incursionó en el cine con la misma pasión y maestría, dirigiendo nueve largometrajes que lo catapultaron a festivales internacionales de renombre, como Berlín, San Sebastián y Montreal. Estas películas, más allá de la aclamación de la crítica, se convirtieron en ventanas a la historia y la cultura venezolana, explorando temas complejos con una sensibilidad única.

El impacto de su trabajo se extiende más allá de los premios y reconocimientos. Lamata formó parte de la vida de muchas personas, no solo como figura pública, sino también como amigo, colega y mentor. El testimonio de Leonardo Padrón, quien lo recuerda como un gran amigo y padrino de su boda con la querida actriz Lourdes Varela, revela la dimensión humana de este artista excepcional. Las redes sociales, inundadas de mensajes de despedida de artistas, colegas y admiradores, son un reflejo del cariño y la admiración que despertó en quienes tuvieron la fortuna de conocerlo y disfrutar de su obra.

Su partida, sin duda, representa una pérdida irreparable para la industria audiovisual venezolana. Sin embargo, su legado, plasmado en cada una de sus producciones, continuará inspirando a las nuevas generaciones de cineastas y seguirá resonando en la memoria colectiva de un país que lo vio crecer y brillar. Lamata no solo nos dejó historias, nos dejó un ejemplo de pasión, dedicación y compromiso con el arte. Un ejemplo que, sin duda, trascenderá el tiempo.

Fuente: El Heraldo de México