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25 de agosto de 2025 a las 20:20

¿A dónde irán los damnificados de Tlalpan?

El eco del derrumbe aún resuena en la Calzada de los Misterios. No solo el estruendo del colapso, sino el eco de la incertidumbre y la angustia en las voces de quienes lo perdieron todo. La señora Josefa Núñez, con la mirada perdida en el polvo y los escombros, relata con una voz quebrada por la emoción cómo la tranquilidad del domingo se transformó en una pesadilla en cuestión de minutos. Un ladrillo suelto, una grieta ominosa, el preludio de la tragedia que se avecinaba. Imaginen la escena: la señora Núñez, con solo una chamarra sobre sus hombros, saliendo a la calle para comprobar el daño, y en ese instante, presenciar el desplome de su hogar, de su vida entera. Una vida construida entre esos muros, ahora convertidos en un amasijo de concreto y recuerdos rotos.

La Calzada de los Misterios, usualmente vibrante con el ir y venir de la ciudad, ahora se encuentra silenciada por el cordón de seguridad. El polvo del derrumbe se mezcla con la lluvia persistente de los últimos días, como lágrimas del cielo que lloran la pérdida de un hogar. Ochenta años de historia, ochenta años de vida, reducidos a escombros en un instante. La falta de mantenimiento, un problema crónico que carcome las entrañas de la ciudad, se suma a la furia de la naturaleza para crear este escenario desolador. Las fuertes lluvias, que en otras circunstancias serían un alivio para la sequía, se convierten en un catalizador de la desgracia, debilitando las estructuras ya de por sí frágiles.

Más allá del impacto material, la verdadera tragedia reside en la pérdida del hogar, en la angustia de no tener un lugar a dónde ir. La señora Núñez y las demás familias afectadas se enfrentan ahora a un futuro incierto, con la mirada puesta en las autoridades, esperando una respuesta, una mano amiga que les ayude a reconstruir sus vidas. "¿Cómo puedo sentirme?", se pregunta la señora Núñez, con una voz cargada de impotencia. Una pregunta que retumba en el aire, una pregunta que nos interpela a todos como sociedad.

Las autoridades capitalinas, presentes en la zona, han iniciado las labores de limpieza y evaluación de daños. Se habla de apoyo a las familias afectadas, de la búsqueda de soluciones habitacionales. Pero más allá de las promesas y los protocolos, se necesita una respuesta contundente, una acción que vaya más allá de la atención inmediata. Se necesita una política de prevención que evite que estas tragedias se repitan, una política que garantice la seguridad y la dignidad de todos los habitantes de la ciudad.

La historia de la señora Núñez y de las familias afectadas por el derrumbe en la Calzada de los Misterios es un llamado de atención, un recordatorio de la fragilidad de la vida y de la importancia de la solidaridad. Es una historia que nos obliga a reflexionar sobre la necesidad de construir una ciudad más segura, más justa, más humana. Una ciudad donde el derecho a la vivienda digna no sea un privilegio, sino una garantía para todos. Mientras tanto, en medio del polvo y los escombros, la esperanza se aferra a la posibilidad de un nuevo comienzo, de un futuro donde la tragedia dé paso a la reconstrucción, donde el eco del derrumbe se transforme en el murmullo de la vida que renace.

Fuente: El Heraldo de México