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24 de agosto de 2025 a las 20:20

Profecía de Baba Vanga: ¿Se avecina el fin?

La inquietud recorre el mundo. Las predicciones de Baba Vanga para 2025, que advertían sobre una intensa actividad sísmica, parecen estar cobrando vida con una crudeza inusitada. Siberia, aún conmocionada por el reciente terremoto, se convierte en un símbolo de la fuerza implacable de la naturaleza. Imágenes de devastación, de familias que lo han perdido todo, se graban en la memoria colectiva como un recordatorio constante de la fragilidad de nuestra existencia.

Pero Siberia no es un caso aislado. El eco de la tragedia resuena en Myanmar, donde el sismo de magnitud 7.7 del pasado marzo dejó una estela de muerte y destrucción. La cifra de 10,000 víctimas, estimada por el Servicio Geológico de Estados Unidos, pesa como una losa sobre la conciencia mundial. La magnitud del desastre es tal que incluso Tailandia y China, países vecinos, sintieron el temblor, con consecuencias devastadoras como el colapso de un edificio en Bangkok, a miles de kilómetros del epicentro. Este hecho, en particular, subraya el poder inconmensurable de estos fenómenos y la interconexión de nuestro planeta.

Nostradamus, otra figura legendaria en el mundo de las profecías, coincide con Baba Vanga en su visión de un 2025 marcado por la actividad sísmica. Ambos vaticinaron terremotos devastadores, un escenario que se suma a la escalada de conflictos armados en Europa, una sombra que se cierne sobre la humanidad con la guerra en Ucrania como telón de fondo. La visión de Baba Vanga es particularmente sombría: una guerra devastadora en Europa que diezmaría la población, acompañada de catástrofes naturales, incluyendo la erupción de volcanes inactivos. La pitonisa incluso señaló una zona específica: el oeste de Estados Unidos, un área que ya ha experimentado sismos de gran magnitud en el pasado, como el de California en 2019.

El reciente terremoto en la costa de Kamchatka, en Rusia, de magnitud 8.8, es un ejemplo más de la creciente actividad sísmica. La alerta de tsunami que generó, con el potencial de afectar a Hawái, Japón e incluso Chile, nos recuerda la vulnerabilidad de las zonas costeras ante estos fenómenos. Alaska también se sumó a la lista con un sismo de magnitud 7.3 en junio, mientras que Guatemala sufrió tres sismos consecutivos, el último de magnitud 5.6, causando daños significativos en su infraestructura.

La tensión se palpa en el aire. La expectativa por lo que pueda suceder en las próximas semanas es palpable, especialmente en zonas sísmicamente activas como México, donde la coincidencia de los terremotos de septiembre en años anteriores genera una inquietud particular. ¿Será 2025 el año que confirme las sombrías predicciones de Baba Vanga y Nostradamus? La respuesta, escrita en las entrañas de la Tierra, está aún por revelarse. Mientras tanto, la incertidumbre y la preocupación se convierten en compañeras inseparables de una humanidad que observa con temor el despertar de las fuerzas telúricas.

Fuente: El Heraldo de México