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25 de agosto de 2025 a las 02:45

Impulso a Mujeres Amuzgas con Créditos

La magia de Xochistlahuaca se desborda en hilos de colores y tradición. No solo son hilos, son historias susurradas al oído del telar, son cantos ancestrales que vibran en cada puntada. Las manos laboriosas de las mujeres amuzgas, herederas de un legado milenario, tejen no solo huipiles, sino la propia identidad de un pueblo que se niega a desaparecer. Cada hilo es una hebra de resistencia, cada diseño un grito de orgullo que resuena en las montañas de Guerrero.

Este encuentro, más que una entrega de créditos, es un acto de justicia, un reconocimiento a la fuerza creadora que reside en el corazón de México. Es la reivindicación de un arte que trasciende lo meramente estético para convertirse en sustento, en empoderamiento, en la posibilidad de un futuro tejido con las propias manos. Las mujeres amuzgas, guardianas de la memoria colectiva, demuestran que la transformación social se construye desde la raíz, desde la preservación de las costumbres y la valoración de lo propio.

El apoyo brindado a través del Fonart no es una simple ayuda económica, es una inversión en la cultura, en el patrimonio intangible de un país que encuentra su riqueza en la diversidad. Es la apuesta por un modelo de desarrollo que coloca en el centro a las comunidades, que reconoce el valor del trabajo artesanal y que impulsa la autogestión como motor de progreso. No se trata solo de conservar la tradición, sino de dotarla de las herramientas necesarias para que florezca en el presente y se proyecte hacia el futuro.

Imaginen la escena: manos ágiles que danzan sobre el telar, creando una sinfonía de colores y texturas. Cada huipil es una obra de arte única, una pieza irrepetible que narra la historia de una familia, de una comunidad, de un pueblo entero. Y ahora, gracias a este impulso, estas obras de arte podrán llegar a un público más amplio, abriendo nuevas ventanas de oportunidad para las artesanas y sus familias. El reconocimiento económico no solo les permitirá vivir dignamente de su trabajo, sino que también fortalecerá su autoestima y les dará la certeza de que su labor es valorada.

El eco de las palabras de agradecimiento de Amancia Merino Valtierra resuena en el corazón de todas las mujeres que, como ella, luchan por un futuro mejor. Su voz es la voz de la esperanza, la voz de un pueblo que se levanta con la frente en alto, orgulloso de sus raíces y dispuesto a compartir su riqueza cultural con el mundo. Este programa no es una dádiva, es un derecho, el derecho a la dignidad, al trabajo justo, al reconocimiento de un legado ancestral que se niega a ser olvidado.

La presencia de las autoridades en este evento es un símbolo del compromiso del gobierno con el desarrollo integral de las comunidades indígenas. Es una señal clara de que se está trabajando para cerrar las brechas de desigualdad y para construir un México más justo e inclusivo, donde todas las voces sean escuchadas y todos los talentos sean valorados. El camino hacia la transformación es un camino colectivo, un camino que se construye paso a paso, con la participación de todos y todas. Y las mujeres amuzgas, con su sabiduría ancestral y su inquebrantable espíritu, están liderando el camino.

Fuente: El Heraldo de México