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23 de junio de 2025 a las 09:45
Tensión en Ormuz: ¿Guerra mundial?
La sombra de la incertidumbre se extiende sobre el mundo. La intervención estadounidense en el conflicto entre Israel e Irán ha encendido una mecha que amenaza con detonar un polvorín global. La ausencia de garantías sobre la retirada de uranio enriquecido previo a los ataques a las instalaciones nucleares iraníes, sumada a la profunda herida religiosa que subyace a este conflicto, introduce un elemento de impredecibilidad que inquieta a la comunidad internacional. El fantasma de una confrontación a gran escala entre Occidente y diversas facciones del mundo islámico se cierne sobre nosotros, con frentes, estrategias e intensidades aún desconocidas.
En este tablero geopolítico tan volátil, las miradas se dirigen a Rusia y China, esperando sus reacciones. Mientras tanto, las consecuencias económicas y energéticas comienzan a manifestarse. La decisión del Parlamento iraní de aprobar el cierre del Estrecho de Ormuz, una arteria vital para el suministro energético mundial, ha generado una onda expansiva de preocupación. Imaginen el impacto: más de 20 millones de barriles de crudo diarios, provenientes de gigantes petroleros como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar, Irak e incluso el propio Irán, dejan de fluir hacia Asia Pacífico, Europa y América del Norte. El fantasma de una inflación desbocada, alimentada por la escasez de petróleo, recorre el planeta.
Sin embargo, algunos analistas consideran poco probable la materialización de esta amenaza. Argumentan que la capacidad militar iraní, mermada tras años de sanciones y conflictos, dificultaría una operación de tal envergadura, especialmente ante la previsible respuesta de las potencias occidentales, que seguramente desplegarían sus flotas para escoltar a los petroleros. Además, un cierre del Estrecho de Ormuz también perjudicaría al propio Irán, cortando sus exportaciones de crudo a China, su principal cliente. Se trata de un arma de doble filo, una jugada arriesgada con consecuencias potencialmente devastadoras para todas las partes involucradas.
Ante la amenaza latente, Estados Unidos no se ha quedado de brazos cruzados. El secretario de Estado, Marco Rubio, ha declarado que no se descarta ninguna opción, incluyendo una respuesta militar, y ha instado a China a ejercer su influencia sobre Irán para evitar una medida tan drástica. La dependencia energética china del petróleo que transita por el Estrecho de Ormuz convierte al gigante asiático en un actor clave en esta crisis.
A pesar de la aprobación parlamentaria, la decisión final sobre el cierre del Estrecho de Ormuz recae en el Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán. El mundo contiene la respiración, consciente de que el futuro del suministro energético global, y con él la estabilidad económica mundial, pende de un hilo. La incertidumbre es la única certeza en estos momentos de alta tensión geopolítica. ¿Será capaz la diplomacia de desactivar esta bomba de relojería? El tiempo, como siempre, tendrá la última palabra.
Fuente: El Heraldo de México