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23 de junio de 2025 a las 09:45

Domina el arte de negociar como Trump

La audaz decisión del presidente Trump de bombardear instalaciones iraníes ha desatado una tormenta de incertidumbre en Oriente Medio y ha puesto de manifiesto, una vez más, su estilo político impredecible. El ataque, dirigido a tres plantas de enriquecimiento de uranio, busca desmantelar la capacidad nuclear iraní y forzar al régimen a negociar no solo el fin de su programa atómico, sino también un acuerdo de paz con Israel. Esta acción bélica representa una apuesta arriesgada, contrastando con las promesas previas de Trump de evitar nuevos conflictos y concentrarse en la resolución de las crisis en Ucrania y Gaza, conflictos que, irónicamente, se han extendido a Líbano y ahora involucran directamente a Irán.

Esta escalada bélica plantea interrogantes cruciales. ¿Cómo justificará Trump esta acción ante un sector de su base electoral que rechaza la intervención militar? ¿Cómo manejará la previsible reacción de la oposición, ya enardecida por sus políticas migratorias? La ausencia de consultas con el Congreso, si bien no inédita en la historia presidencial estadounidense, añade otra capa de controversia a la decisión. Recordemos que desde la era Kennedy, presidentes han eludido el mandato constitucional de consultar al Congreso antes de emprender acciones militares, como en las guerras de Irak y Afganistán. Sin embargo, la magnitud de esta acción y sus posibles consecuencias la hacen particularmente delicada.

Más allá de las fronteras estadounidenses, las ramificaciones son aún más complejas. La respuesta iraní es una incógnita preocupante. ¿Optará Teherán por una escalada violenta a pesar de las amenazas de nuevos bombardeos? Se especula sobre un posible bloqueo del estrecho de Ormuz, una arteria vital para el suministro global de petróleo, o incluso ataques a bases estadounidenses en la región, donde se encuentran desplegados miles de soldados. El panorama se complica aún más con la reafirmación de la alianza entre Estados Unidos e Israel. Si bien la relación es histórica, las críticas apuntan a una influencia desproporcionada del primer ministro Netanyahu en la decisión de bombardear, lo que añade combustible al fuego de la inestabilidad regional.

Rusia y China, potencias con intereses en la región, han expresado su desaprobación, aunque su reacción hasta el momento se limita al ámbito verbal. Queda por ver si esta postura evoluciona hacia acciones más contundentes.

El bombardeo se enmarca en una dinámica histórica de las relaciones internacionales, especialmente entre las grandes potencias: la negociación a través de la presión. Esta presión puede manifestarse en forma de sanciones económicas, aislamiento político o, como en este caso, fuerza militar. La historia está plagada de ejemplos donde el uso de la fuerza se ha considerado una herramienta “necesaria” para alcanzar objetivos geopolíticos.

La trayectoria de Trump muestra una clara inclinación por la negociación desde una posición de fuerza. Su filosofía se basa en la idea de que la demostración de poder es esencial para lograr concesiones. Esta visión, combinada con la compleja realidad de Oriente Medio, crea un cóctel explosivo con consecuencias impredecibles. El mundo observa con atención los próximos movimientos, consciente de que la estabilidad de una región crucial pende de un hilo.

Fuente: El Heraldo de México