Inicio > Noticias > Política Internacional
23 de junio de 2025 a las 09:45
Descubre la Paz en Tiempos de Guerra
La sombra de Tolstoi se alarga sobre el Medio Oriente. Al igual que la invasión napoleónica a Rusia, el ataque a las instalaciones nucleares iraníes, orquestado por Estados Unidos e Israel, es un punto de inflexión. Un antes y un después. Las vidas, la geopolítica, la economía global, todo se tambalea en la cuerda floja de la incertidumbre. Ya nada volverá a ser igual. La violencia, como un virus, se propaga, infectando el lenguaje, las costumbres, la misma esencia de la convivencia humana. Lo que ayer era impensable, hoy se justifica con la fría lógica de la guerra.
El costo humano, como siempre, es el más alto. La población civil, atrapada en el fuego cruzado, sufre las consecuencias de decisiones tomadas en despachos lejanos. Y más allá de las fronteras iraníes, el impacto se extiende como las ondas de un estanque. El equilibrio de poder en el Medio Oriente se reconfigura. Israel, con el apoyo incondicional de Estados Unidos, consolida su dominio, proyectando su influencia sobre una región convulsionada. La caída de Al-Assad en Siria, la contención de Hamas y Hezbollah, y ahora la presión sobre Irán, dibujan un nuevo mapa geopolítico.
Netanyahu, el estratega, logró convencer a Trump, el pragmático, de la necesidad de una intervención “quirúrgica”. Una operación que, en la retórica belicista, buscaba neutralizar una amenaza nuclear inminente. Sin embargo, las dudas persisten. La transparencia de Irán ante el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) fue cuestionada, pero no se presentaron pruebas concluyentes sobre el desarrollo de armas nucleares. La diplomacia, silenciada por el rugir de los aviones, cedió su lugar a la fuerza bruta. ¿Se agotaron todas las vías pacíficas? ¿Fue la intervención militar la única opción?
El aislamiento de Irán es palpable. En el tablero regional, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Egipto, entre otros, ven con recelo el expansionismo iraní. La destrucción de sus instalaciones nucleares, aunque preocupante, podría ser interpretada por algunos como un mal necesario. Europa, defensora del derecho internacional, guarda un silencio cómplice. ¿Alivio? ¿Pragmatismo? ¿Miedo a las represalias?
El gigante asiático y el oso ruso, observan con atención. Condenarán la intervención, la calificarán de ilegal, exigirán el cese al fuego, pero… ¿irán más allá de las palabras? Su apoyo a Irán, al menos por ahora, parece limitarse al terreno diplomático. El estrecho de Ormuz, arteria vital para el flujo de petróleo y gas, se convierte en una pieza clave. Su cierre, una represalia posible por parte de Irán, dispararía los precios del combustible, golpeando con fuerza a las economías de China, India, Japón y Corea del Sur. La presión de estos gigantes sobre Irán para mantener abierto el estrecho es inmensa.
El fantasma de una guerra a gran escala se cierne sobre el mundo. Ataques a bases estadounidenses, acciones terroristas, la ambición de Putin sobre Ucrania, la tensión creciente entre China y Taiwán, son piezas de un rompecabezas complejo y peligroso. Trump, el impredecible, asegura no querer una guerra abierta con Irán. Pero, ¿podrá controlarla? Las presiones internas y externas para un cambio de régimen en Teherán son fuertes. Un error de cálculo podría tener consecuencias devastadoras. Irán no es Irak. Es una nación con una historia milenaria, una cultura rica y una población de 90 millones de personas, dispuesta a defender su soberanía.
La guerra, ese monstruo insaciable, transforma todo a su paso. Las mentes de sus protagonistas, las relaciones entre las naciones, el futuro mismo de la humanidad. La incertidumbre, como una niebla espesa, cubre el horizonte. ¿Hacia dónde nos dirigimos? Solo el tiempo, ese juez implacable, lo dirá.
Fuente: El Heraldo de México