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22 de junio de 2025 a las 15:20

Tragedia: Ídolo del fútbol pierde todo

La historia de Laurie Cunningham, la "Perla Negra", es un recordatorio conmovedor de que el éxito deportivo, la fama y el brillo de los estadios a veces conviven con tragedias personales que pueden eclipsar incluso el talento más deslumbrante. Su llegada al Real Madrid en la temporada 78/79 fue un hito: el primer jugador negro en vestir la camiseta blanca. Un fichaje que ilusionó a la afición madridista, seducida por su zurda mágica, su velocidad endiablada y su olfato goleador. Imaginen el Santiago Bernabéu vibrando con cada una de sus carreras, cada regate, cada gol. Los periódicos deportivos de la época se deshacían en elogios, retratando a un jugador destinado a la gloria. Su salto al estrellato, sin embargo, se vio truncado por un golpe del destino inimaginable.

Julio de 1982. Un momento que quedó grabado a fuego en la memoria de quienes seguían su carrera. La noticia del asesinato de dos de sus hijas, de tan solo siete y nueve años, y de su cuñada, conmocionó al mundo del fútbol. Un drama familiar que desgarró el alma de Cunningham y lo sumió en una profunda depresión. La alegría del juego se apagó. La magia de sus botas desapareció. El jugador que había deslumbrado en el Camp Nou, haciendo que la afición culé se rindiera ante su talento, ya no era el mismo.

La investigación posterior, llevada a cabo por el periodista Peter Law, desvelaría años más tarde la identidad del asesino: Tony Dyce. Un dato que, si bien arrojó luz sobre el crimen, no pudo devolver la paz a Cunningham. El peso de la tragedia era demasiado grande.

Tras el trágico suceso, inició un periplo por diferentes clubes. Manchester, Sporting de Gijón, Olympique de Marsella, Leicester City… Buscando quizás, en cada nuevo destino, una forma de escapar del dolor, de reencontrar la chispa que lo había convertido en una estrella. Finalmente, regresó a España para jugar en el Rayo Vallecano, en segunda división. Un regreso a Vallecas cargado de simbolismo, un intento de volver a empezar. La afición lo recibió con los brazos abiertos, esperanzada en ver brillar de nuevo a la "Perla Negra".

Pero el destino, cruel e implacable, le tenía reservada una última tragedia. La madrugada del 15 de julio de 1989, un aparatoso accidente de coche en las carreteras de Madrid puso fin a su vida. Conducía a gran velocidad y sin cinturón de seguridad. Salió despedido del vehículo, quedando tendido sobre el asfalto. Su acompañante resultó ileso.

La noticia de su muerte conmocionó al mundo del fútbol. La "Perla Negra" se apagaba para siempre, dejando tras de sí una carrera truncada por la tragedia, una historia de talento y dolor que aún hoy conmueve. Un recordatorio de la fragilidad de la vida, incluso para aquellos que parecen tocar el cielo con los pies. Nos queda el recuerdo de su magia en el campo, la huella imborrable de un jugador excepcional que, a pesar de la oscuridad que lo envolvió, brilla con luz propia en la historia del Real Madrid y del fútbol español. Una historia que merece ser recordada, no solo por sus éxitos deportivos, sino también por la profunda humanidad que se esconde detrás de la leyenda.

Fuente: El Heraldo de México