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20 de junio de 2025 a las 21:15

Tragedia familiar en León: Cuatro víctimas y un suicidio.

La tragedia se cernió sobre la tranquila comunidad de Piedra Blanca, en León, Guanajuato, la noche del jueves 19 de junio. Un escalofriante suceso ha dejado a sus habitantes conmocionados y en luto, tras la masacre perpetrada por Armando Bermúdez, de 45 años, quien arrebató la vida a cuatro miembros de su familia antes de quitarse la suya.

El horror se desató antes de las 8 de la noche, cuando el estruendo de las balas rompió la serenidad del rancho. Las primeras versiones apuntan a que Armando, quien presuntamente luchaba contra las adicciones, inició su sangriento recorrido asesinando a su primo, Juan Bermúdez, de 40 años, y a su cuñado, Gilberto, de 45, quienes se encontraban fuera de la vivienda familiar. Imaginen la escena, la tranquilidad de la tarde rota por la violencia inusitada, la sorpresa y el terror de los últimos momentos de estas dos víctimas.

El drama continuó dentro de la casa, donde Armando encontró a su esposa, Mónica Rodríguez, de 46 años, a quien también privó de la vida. La impotencia y el dolor que debió experimentar Mónica ante la brutalidad de su esposo son inimaginables. Una vida compartida, sueños y proyectos truncados por la oscuridad que consumió a Armando.

Al salir de la vivienda, el agresor se topó con su sobrino, Ángel, de 21 años. El joven recibió heridas de bala y, en un intento desesperado por salvarle la vida, sus familiares lo trasladaron a un hospital privado. Lamentablemente, la lucha de Ángel fue en vano y falleció a consecuencia de las lesiones. La imagen de la familia transportando al joven herido, con la esperanza de un milagro que nunca llegó, es desgarradora.

Tras la masacre, Armando Bermúdez decidió poner fin a su propia vida con un disparo en la cabeza. Su familia, en medio del caos y la tragedia, intentó llevarlo a una clínica del IMSS, pero falleció en el trayecto. ¿Qué pensamientos atormentaban a Armando? ¿Qué demonios internos lo llevaron a cometer semejante atrocidad? Preguntas que, probablemente, nunca tendrán respuesta.

Las autoridades, tras recibir el reporte, acudieron al lugar de los hechos, donde encontraron a las víctimas y al agresor. En la escena del crimen se aseguraron dos armas de fuego: una escuadra, una escopeta y varios cartuchos útiles. Estas armas, instrumentos de muerte, son un recordatorio tangible de la violencia que se desató en Piedra Blanca.

Este terrible suceso deja una profunda herida en la comunidad, un vacío irreparable en las familias afectadas. Vecinos y conocidos se preguntan cómo pudo ocurrir semejante tragedia en un lugar que consideraban tranquilo y seguro. La consternación es palpable, el dolor es compartido. Ahora, la comunidad de Piedra Blanca deberá unirse para sanar las heridas, para recordar a las víctimas y para construir un futuro donde la violencia no tenga cabida. El camino será largo y difícil, pero la solidaridad y la esperanza serán las guías en este proceso de reconstrucción. El recuerdo de las víctimas debe servir como un llamado a la reflexión sobre la importancia de la salud mental, la prevención de la violencia y la construcción de una sociedad más pacífica y justa.

Fuente: El Heraldo de México