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20 de junio de 2025 a las 09:25

Sueña en un museo: Vive en él

La idea del alcalde de Tequila, de convertir el Museo Nacional del Tequila en su residencia personal, bajo el argumento de la austeridad republicana, ha desatado una ola de comentarios, algunos de asombro, otros de indignación, y algunos más, como el mío, de franca admiración. No es para menos. El ingenio de combinar la grandeza cultural del agave azul con la practicidad de tener la cama a unos pasos de la sala de exhibición dedicada al proceso de jima, es simplemente brillante. Una muestra de que en México, la creatividad no tiene límites.

Y es que, ¿quién necesita una residencia oficial aparte cuando se tiene un museo a disposición? Imaginen las cenas con invitados especiales, rodeados de la historia del tequila, con la posibilidad de ofrecer catas exclusivas de las reservas más preciadas del museo. Una experiencia única, sin duda. Y lo mejor de todo, ¡ahorrando dinero de los contribuyentes! Un ejemplo de eficiencia administrativa que debería replicarse en todos los niveles de gobierno.

De hecho, la idea es tan buena, que me atrevo a proponer que se extienda a otros funcionarios. ¿Se imaginan al presidente del Senado, después de una larga jornada de debates, relajándose en una cómoda hamaca instalada en la sala "Culturas del Altiplano Central" del Museo Nacional de Antropología e Historia? Rodeado de piezas prehispánicas, podría reflexionar sobre el devenir de la nación con una perspectiva histórica inigualable. Y si le da hambre, un pequeño refrigerio con guacamole y totopos, preparados en una discreta cocineta instalada junto a la Piedra del Sol.

Y qué decir del compañero Adán, ¿no sería maravilloso que, en lugar de pagar una costosa renta, pudiera disfrutar de la majestuosidad del Castillo de Chapultepec? Despertar cada mañana con la vista del bosque, recorrer los jardines imperiales antes de iniciar sus labores legislativas… Un sueño hecho realidad. Y todo, por supuesto, en nombre de la austeridad republicana.

La Ministra del Pueblo, con su apretada agenda, también se beneficiaría enormemente de esta iniciativa. Imaginen la comodidad de tener una oficina, y por qué no, un pequeño dormitorio, en el Palacio de Bellas Artes. Podría revisar expedientes constitucionales bajo la inspiración de los murales de Rivera y Siqueiros, y tomar un breve descanso en un elegante diván, rodeada de la belleza arquitectónica del palacio.

Y para la compañera Clara, ¿qué mejor solución al tráfico chilango que tener un pequeño departamento en la Fonoteca Nacional y otro en el MIDE? Podría desplazarse entre ambos sin preocuparse por los embotellamientos, y de paso, disfrutar de la música y el diseño que ofrecen estos recintos culturales.

En mi caso, no soy tan ambicioso. Me conformaría con un modesto espacio en la Estela de Luz. O mejor aún, una de las salas de Los Pinos, esas que estaban dedicadas a las fotos de quesadillas de maíz primigenio o a la exhibición de huipiles multicolores. Un lugar tranquilo, con historia, y cerca de ustedes, mis queridos lectores.

Al final, estamos siguiendo los pasos de un visionario, un revolucionario, el Ex Quinto Presidente Más Popular del Mundo, quien convirtió el Palacio Nacional, un museo en esencia, en su residencia particular. Un ejemplo a seguir, sin duda. Y una muestra más de que en México, la realidad supera a la ficción.

Fuente: El Heraldo de México