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20 de junio de 2025 a las 09:30

Sobrevive al Apocalipsis

La sombra de la aniquilación nuclear se cierne nuevamente sobre la humanidad, un espectro que creíamos desterrado a los anales de la Guerra Fría. La proliferación de armas nucleares, concentradas en las manos de un puñado de naciones, nos obliga a cuestionar la cordura de un sistema que deposita el destino del planeta en la volátil voluntad de unos pocos. ¿Cómo es posible que la capacidad de extinguir la vida tal como la conocemos resida en figuras cuya ambición y juicio parecen, a menudo, cuestionables?

La paradoja es desgarradora: buscamos la seguridad en la acumulación de armas de destrucción masiva, una lógica perversa que nos acerca peligrosamente al precipicio. La posesión de estas armas, lejos de garantizar la paz, se convierte en una amenaza latente, una espada de Damocles suspendida sobre nuestras cabezas. La historia nos ha demostrado, una y otra vez, la fragilidad de los equilibrios geopolíticos y la facilidad con la que un error de cálculo, una provocación malinterpretada o un acto de locura pueden desencadenar una catástrofe global.

El Tratado de Tlatelolco, un faro de esperanza en un mundo oscurecido por la amenaza nuclear, nos recuerda que existen alternativas. La decisión de América Latina y el Caribe de renunciar a estas armas, de apostar por la paz y el desarrollo en lugar de la destrucción, es un ejemplo a seguir para el resto del mundo. México, como firmante de este tratado y de otros acuerdos internacionales, ha mantenido una postura firme en contra de la proliferación nuclear, un compromiso que debe ser aplaudido y reforzado.

Sin embargo, la paz no se construye con la simple ausencia de armas. Requiere un esfuerzo constante de diálogo, de diplomacia, de construcción de puentes entre las naciones. La retórica belicista, las amenazas y las provocaciones solo sirven para alimentar la espiral de desconfianza y aumentar el riesgo de un conflicto. Necesitamos líderes que privilegien la razón sobre la fuerza, la cooperación sobre la confrontación, la paz sobre la guerra.

La reciente retirada de Estados Unidos del acuerdo nuclear con Irán es un ejemplo preocupante de la volatilidad de la política internacional. Decisiones unilaterales, basadas en intereses particulares y sin consideración por las consecuencias globales, ponen en peligro la estabilidad mundial. La retórica incendiaria y las amenazas entre líderes mundiales, lejos de solucionar los problemas, los agravan, creando un clima de tensión e incertidumbre que nos acerca peligrosamente al abismo.

La imagen de tres figuras como el Ayatola Jomenei, Benjamin Netanyahu y Donald Trump, con el poder de decidir el futuro de la humanidad, es, cuanto menos, inquietante. Sus agendas políticas, sus ambiciones personales y sus estilos de liderazgo, tan dispares como controversiales, nos obligan a preguntarnos si estamos en las manos adecuadas. ¿Podemos confiar el destino del planeta a líderes que parecen priorizar sus propios intereses por encima del bienestar global?

La situación actual nos exige estar alerta, informados y comprometidos con la construcción de un mundo libre de armas nucleares. No podemos permitir que la historia se repita, que la sombra de la aniquilación vuelva a cernirse sobre nosotros. La paz, la seguridad y el futuro de la humanidad dependen de nuestra capacidad de actuar, de exigir a nuestros líderes que tomen decisiones responsables y de construir un mundo donde la diplomacia y la cooperación sean la norma, no la excepción. El fantasma de la guerra nuclear no puede volver a acecharnos. El futuro del planeta está en juego.

Fuente: El Heraldo de México