20 de junio de 2025 a las 23:50
¡Rayados, orgullo de México!
La marea rayada inundó California. Más de 30 mil almas, ataviadas en azul y blanco, convirtieron el mítico Rose Bowl en una extensión del Estadio BBVA. El pasado 17 de junio, en el marco del sexto Mundial de Clubes en la historia de Rayados de Monterrey, la afición regiomontana no solo se hizo presente, sino que retumbó con cánticos y porras, opacando incluso a la prestigiosa hinchada del Inter de Milán. Un empate a uno en el marcador, pero una victoria aplastante en las gradas. La pasión rayada se desbordó, pintando un mosaico impresionante de apoyo incondicional que resonó en cada rincón del estadio californiano.
Este fenómeno, más que una simple anécdota, se convierte en un testimonio del fervor que despierta el Monterrey. No se trata solo de un partido de fútbol, es una peregrinación, una fiesta, una declaración de amor a los colores. Familias enteras, grupos de amigos, aficionados de toda edad y condición social, unidos por un mismo sentimiento: el orgullo de ser Rayado. Desde Monterrey, desde otras ciudades de México, incluso desde el extranjero, la afición viajó miles de kilómetros para alentar a su equipo, demostrando que la pasión no conoce fronteras.
Las imágenes hablan por sí solas: banderas ondeando al viento, tambores resonando, cánticos que se elevan hacia el cielo. Un espectáculo visual y sonoro que impresionó a propios y extraños. La prensa internacional se hizo eco de la impresionante movilización rayada, destacando la fidelidad y el compromiso de una afición que nunca abandona a su equipo.
Fidel Ambriz, mediocampista del Club Monterrey, no ocultó su asombro y gratitud ante el apoyo masivo. "Increíble", declaró emocionado, "se sintió muchísimo el apoyo como lo amerita en un Mundial. Al igual que los aficionados, estamos muy motivados después de empatar con el Inter. La ilusión es para ellos y para nosotros; su apoyo nos hace sentir muy bien". Sus palabras reflejan el impacto que tiene la afición en el ánimo del equipo. Un aliento que se convierte en combustible, en un impulso extra para luchar en cada partido.
La hazaña rayada en las tribunas no solo se limita al número de asistentes. Se trata de la energía, del entusiasmo, de la entrega incondicional que se respira en el ambiente. Una energía que contagia, que motiva y que se convierte en el jugador número 12 en la cancha.
Y la fiesta rayada continúa. Este sábado, el Rose Bowl volverá a vestirse de azul y blanco para el segundo partido de la competencia mundialista. El rival: el imponente River Plate de Argentina. Un nuevo desafío, una nueva oportunidad para demostrar la grandeza de la afición rayada. ¿Repetirán la hazaña? ¿Volverán a convertir el estadio en una sucursal del BBVA? Todo apunta a que sí. La pasión rayada está desatada y promete seguir haciendo historia en tierras californianas. El mundo entero será testigo una vez más del poderío de la afición regiomontana, una afición que no conoce límites y que está dispuesta a todo por su equipo. La cita está hecha. El Rose Bowl espera. Y la marea rayada está lista para rugir.
Fuente: El Heraldo de México