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20 de junio de 2025 a las 17:10
Pez vela de Puerto Escondido sobrevive al huracán Erick
La fuerza implacable del huracán Erick, que azotó las costas de Guerrero y Oaxaca, nos ha dejado imágenes imborrables del poder de la naturaleza. Más allá de las cifras de damnificados y los daños materiales, hay historias que emergen de entre los escombros, historias que hablan de la resiliencia y el arraigo de las comunidades afectadas. Una de estas historias es la del icónico Pez Vela de Puerto Escondido, un monumento que simboliza la profunda conexión de este pueblo oaxaqueño con el mar y la pesca. Arrastrado por una ola monumental, de más de nueve metros de altura, este símbolo de la identidad local parecía perdido para siempre. Sin embargo, contra todo pronóstico, un habitante de Puerto Escondido, en un acto que combina valentía y amor por su tierra, logró rescatar la escultura de las fauces del océano embravecido. Este rescate, capturado en video y difundido rápidamente en redes sociales, se ha convertido en un símbolo de esperanza y un testimonio del espíritu indomable de los oaxaqueños. Aún se desconoce si este héroe anónimo ha entregado el monumento a las autoridades, pero su gesto ha resonado profundamente en la comunidad, recordándonos la importancia de la unión y la solidaridad en tiempos de adversidad.
La escultura del Pez Vela no es solo una pieza ornamental; es la representación de una tradición centenaria, un homenaje a la pesca, la principal actividad económica de Puerto Escondido. Cada año, al final de noviembre, el Torneo Internacional del Pez Vela reúne a pescadores de todo el mundo, quienes se adentran en las aguas del Pacífico en busca del preciado trofeo. Este evento, más allá de la competencia, es una celebración de la vida marina y una reafirmación de la identidad de un pueblo que vive en armonía con el océano. La recuperación del monumento, en este contexto, adquiere un significado aún más profundo, representando la resistencia no solo de la escultura física, sino también de las tradiciones y la cultura local frente a la furia de la naturaleza.
El huracán Erick, degradado a sistema de baja presión, continúa su trayectoria, dejando a su paso una estela de destrucción. Cientos de miles de usuarios se quedaron sin electricidad en Oaxaca y Guerrero, y la Comisión Federal de Electricidad (CFE) trabaja a contrarreloj para restablecer el servicio. La Secretaría de Defensa Nacional, a través del Plan DN-III-E, ha desplegado elementos de la Guardia Nacional para brindar apoyo a la población afectada. Se realizan reconocimientos terrestres, perifoneo en las comunidades y juntas de coordinación con autoridades civiles para asegurar la atención oportuna a las necesidades de los damnificados. Mientras tanto, el Centro Nacional de Huracanes (CNH) de Estados Unidos monitorea de cerca la evolución del sistema, informando constantemente sobre su trayectoria y intensidad. La incertidumbre persiste, pero la solidaridad y la esperanza se mantienen vivas, como la llama que se niega a apagarse en medio de la tormenta. El Pez Vela, rescatado de las olas, se erige como un símbolo de esa fuerza interior, de la capacidad de un pueblo para sobreponerse a la adversidad y reconstruir su futuro, aferrándose a sus raíces y a su identidad. Y aunque la tarea de reconstrucción será larga y ardua, la historia del Pez Vela nos recuerda que, incluso en los momentos más oscuros, siempre hay espacio para la esperanza y la resiliencia.
Fuente: El Heraldo de México