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20 de junio de 2025 a las 09:10
México en el G7: ¿Qué aprendimos?
Tras el revuelo mediático generado por el conflicto entre Israel e Irán, que sin duda acaparó la atención mundial, es crucial no pasar por alto los importantes logros alcanzados en la cumbre del G-7 celebrada en Canadá. Más allá de la evidente tensión internacional, la reunión demostró la imperiosa necesidad de fortalecer los foros multilaterales como espacios de diálogo y construcción de consensos. La participación de México, liderada por la presidenta Claudia Sheinbaum, no solo es una señal alentadora, sino un punto de inflexión que marca el regreso de nuestro país a la arena internacional, tras un periodo de cierta opacidad y, a veces, un inexplicable autoaislamiento.
La presencia de México en este selecto grupo de naciones envía un mensaje contundente: nuestra política exterior ha dejado de ser ignorada. La invitación del primer ministro canadiense, Mark Carney, y el diálogo constructivo con figuras de la talla de Ursula von der Leyen, Narendra Modi y Lula da Silva, son prueba irrefutable del potencial que tenemos para retomar nuestro rol protagónico en el escenario global. Estas interacciones de alto nivel no son meras formalidades diplomáticas, sino la base para la construcción de alianzas estratégicas que trascienden la coyuntura y se proyectan hacia un futuro de cooperación y desarrollo compartido.
A pesar de que la crisis en Medio Oriente inevitablemente impactó la agenda de la cumbre, el G-7 sirvió como catalizador para importantes acuerdos bilaterales, como el alcanzado entre Estados Unidos y Reino Unido en materia comercial. Asimismo, se abrieron canales de comunicación entre nuestros socios regionales con el objetivo de superar el conflicto arancelario, un paso crucial para la estabilidad económica global. Las discusiones sobre temas de vital importancia como la inteligencia artificial y el tráfico de personas, demuestran la capacidad del G-7 para abordar los desafíos más urgentes de nuestro tiempo.
La posibilidad de un acuerdo integral con Estados Unidos en temas migratorios, de seguridad y comercio, representa una oportunidad histórica para México. Si bien las decisiones de la Casa Blanca son, a menudo, impredecibles, la apertura al diálogo y la búsqueda de soluciones conjuntas son elementos positivos que no podemos ignorar. Un acuerdo formal en estas áreas estratégicas permitiría superar la dinámica reactiva que ha caracterizado la relación bilateral en los últimos meses, y sentar las bases para una cooperación más sólida y fructífera.
Sin embargo, el camino hacia la consolidación de nuestra política exterior no está exento de desafíos. Es imperativo superar la aparente confusión entre la comunicación dirigida al público interno y la proyectada hacia el exterior. Incidentes como la llegada tardía de la presidenta Sheinbaum a la cumbre, debido a su decisión de viajar en un vuelo comercial, generan una imagen poco favorable y restan seriedad a la representación de México en foros internacionales. Si bien la austeridad es un valor importante, no debe ser un obstáculo para la eficacia de nuestra diplomacia.
En definitiva, la participación de México en el G-7 es un paso firme en la dirección correcta. La diplomacia debe ser una prioridad de Estado, no solo para recuperar nuestro lugar en el mundo, sino también para afrontar los retos de un entorno global cada vez más complejo. La cumbre en Canadá nos ha brindado valiosas lecciones que debemos aprender y aplicar para consolidar nuestro reposicionamiento global. Es hora de que México asuma su responsabilidad y se comprometa con la construcción de un futuro más próspero y seguro para todos.
Fuente: El Heraldo de México