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20 de junio de 2025 a las 06:05
¡Mango-manía en Reynosa! 🥭
El incidente del jueves pasado en Reynosa, donde un tráiler cargado de mangos volcó, dejando a su paso un herido y un escenario de caos, ha puesto en relieve un fenómeno lamentablemente común en nuestra sociedad: la rapiña. Más allá del accidente en sí, lo que realmente impacta es la reacción de algunos ciudadanos, quienes, en lugar de solidarizarse con la víctima y colaborar con las autoridades, optaron por aprovechar la situación para apropiarse de la carga del vehículo accidentado.
Este acto, lejos de ser un simple "aprovechamiento" de una circunstancia fortuita, representa un problema de fondo que nos invita a reflexionar sobre nuestros valores como sociedad. ¿Qué lleva a una persona a ignorar el sufrimiento ajeno y la legalidad para obtener un beneficio personal, por pequeño que sea? ¿Es acaso la necesidad extrema, la falta de empatía, o simplemente la creencia de que "el que no tranza, no avanza"?
La imagen de personas recogiendo mangos del asfalto, mientras un herido es atendido por paramédicos, es un reflejo de una cultura que normaliza el oportunismo y la falta de respeto por la propiedad ajena. Si bien es cierto que la situación económica de muchas familias es precaria, esto no justifica de ninguna manera el saqueo. Existen canales adecuados para solicitar ayuda y obtener recursos de forma legítima. La rapiña, además de ser un delito, socava los principios de solidaridad y convivencia que deben regir en una sociedad justa.
Y la situación se agrava aún más cuando, posteriormente al acto de rapiña, los involucrados hacen ostentación de lo robado en redes sociales. Ofrecer los mangos públicamente, incluso bromeando sobre su procedencia, demuestra una total falta de conciencia y remordimiento. Estas acciones, lejos de ser ingeniosas o divertidas, normalizan el delito y envían un mensaje peligroso, especialmente a las nuevas generaciones: que el robo es aceptable si se hace con "picardía" o si se justifica con la necesidad.
Es importante recalcar que la rapiña no es un delito menor. Tiene consecuencias legales y, sobre todo, consecuencias morales. Daña la imagen de nuestra comunidad, fomenta la desconfianza y erosiona el tejido social.
Es necesario que, como sociedad, reflexionemos sobre este tipo de comportamientos y promovamos valores como la honestidad, el respeto y la solidaridad. La educación en valores, tanto en el hogar como en las escuelas, es fundamental para prevenir este tipo de situaciones. Debemos enseñar a nuestros hijos que el fin no justifica los medios, y que el respeto por la ley y por los demás es esencial para construir una sociedad más justa y equitativa. Además, las autoridades deben aplicar la ley con firmeza para desalentar este tipo de conductas y garantizar que se respeten los derechos de todos los ciudadanos.
La reconstrucción de un tejido social sólido requiere del compromiso de todos. No podemos ser indiferentes ante la rapiña ni ante cualquier otra forma de delito. Debemos alzar la voz, denunciar las irregularidades y promover una cultura de legalidad y respeto. Solo así podremos construir un futuro mejor para todos. El caso de los mangos en Reynosa debe servirnos como una llamada de atención para reflexionar sobre nuestros valores y actuar en consecuencia.
Fuente: El Heraldo de México