20 de junio de 2025 a las 09:10
Lecciones del fracaso
La sombra de la duda se cierne sobre las recientes elecciones judiciales. Un manto de irregularidades, tejido con hilos de abstencionismo y la omnipresencia de los llamados "acordeones", ahoga la legitimidad del proceso y empaña la victoria de los supuestos ganadores. Lejos de fortalecer la democracia, estas elecciones la han debilitado, dejando un amargo sabor a farsa y manipulación.
La alta abstención revela la profunda desconfianza de la ciudadanía en el sistema. Los votos, en lugar de ser la voz del pueblo, se convirtieron en meros instrumentos de una orquesta dirigida por intereses ocultos. El árbitro electoral, lejos de impartir justicia, parece haber observado impasible el desarrollo de un montaje electoral.
Los "acordeones", esas listas pre-fabricadas con los nombres de los candidatos, se convirtieron en la partitura de esta sinfonía de irregularidades. Su eficacia es escalofriante: en la mayoría de las casillas, los nombres que aparecían en ellos se alzaron con la victoria. En algunos estados, la coincidencia fue total. ¿Casualidad? Difícil de creer.
A esta situación se suman otras anomalías que claman por una investigación a fondo. Casillas con una participación del 100%, e incluso superior, boletas sin doblez, que sugieren manipulación, y miles de boletas marcadas con la misma caligrafía, pintan un panorama desolador. Todo apunta a una operación electoral a gran escala, meticulosamente planeada y ejecutada.
Las preguntas son muchas y exigen respuestas: ¿Quién financió esta operación? ¿Quién pagó la impresión y distribución masiva de los "acordeones"? ¿Quién movilizó a millones de personas a las urnas? ¿Quién manipuló las boletas en los centros de votación? Y, sobre todo, ¿con qué recursos?
Los ganadores, mientras tanto, se deslindan de los "acordeones". Si ellos no los pagaron, ¿quién lo hizo? Intentar disfrazarlos de "guías personales" es un insulto a la inteligencia de los ciudadanos. Eran, sin duda, instrumentos para manipular la votación.
Validar este proceso, plagado de irregularidades, sería tanto como validar la trampa. Convertiría a la autoridad electoral en cómplice de la violación de la ley. La contienda no fue equitativa, los dados estaban cargados. No hay certeza ni confianza en los resultados.
La ilegitimidad del proceso se remonta a la aprobación de la reforma judicial en el Congreso. La corrupción alcanzó tal nivel que decenas de "ganadores" ni siquiera cumplen con los requisitos mínimos para el cargo. Son inelegibles. ¿Para qué sirvieron los Comités de Evaluación? Parece que no fueron más que una fachada.
La trampa está a la vista. Los tramposos también. Es hora de exigir justicia y restablecer la confianza en la democracia.
En contraste con este panorama oscuro, la gira de Claudia Sheinbaum por el G-7 fue un éxito. A pesar de la cancelación de la reunión con Trump, la Cancillería y la diplomacia mexicana lograron resultados positivos. Los encuentros con líderes de naciones clave, como Canadá e India, fortalecen la posición de México en el escenario internacional. Sheinbaum ha dejado su huella en la política exterior, marcando un claro contraste con su antecesor.
Fuente: El Heraldo de México