20 de junio de 2025 a las 05:35
El baño perfecto para adultos mayores
La eterna pregunta: ¿con qué frecuencia debemos ducharnos? Parece simple, pero la respuesta es sorprendentemente compleja. Mientras algunos se bañan dos veces al día, otros optan por un enfoque más minimalista. La edad, el nivel de actividad física, el clima e incluso las preferencias personales juegan un papel crucial en esta decisión. Lo que sí sabemos con certeza, gracias a la opinión de dermatólogos expertos, es que el exceso de higiene puede ser contraproducente, especialmente para las pieles más maduras.
Si bien la ducha diaria puede parecer un ritual indispensable para la mayoría, los expertos advierten sobre los posibles efectos negativos en la salud de nuestra piel. Ducharse con demasiada frecuencia, sobre todo con agua caliente y jabones fuertes, puede despojar a la piel de sus aceites naturales, esenciales para mantenerla hidratada y protegida. Esto puede resultar en resequedad, irritación, e incluso aumentar la susceptibilidad a infecciones. Imaginen una armadura debilitada, vulnerable a los ataques externos. De la misma manera, una piel desprovista de su barrera protectora natural se vuelve más susceptible a las agresiones del ambiente.
Para la población general, un promedio de cuatro a cinco duchas semanales, con una duración máxima de 15 minutos, suele ser suficiente para mantener una higiene adecuada sin comprometer la salud de la piel. Sin embargo, al llegar a los 65 años, la piel experimenta cambios significativos que requieren un enfoque más delicado. La producción de aceites naturales disminuye, la piel se vuelve más fina y vulnerable, y la barrera protectora se debilita. En estos casos, los dermatólogos recomiendan reducir la frecuencia de las duchas a un máximo de dos veces por semana, con una duración no superior a los 4 minutos, utilizando agua tibia y jabones neutros.
Es importante destacar que, aunque la frecuencia de las duchas disminuya, la higiene de ciertas zonas cruciales, como axilas, genitales y la zona interdigital de los pies, debe mantenerse a diario. Una limpieza suave con agua y jabón neutro es suficiente para prevenir la proliferación de bacterias y mantener una higiene adecuada.
El secado también juega un papel fundamental en el cuidado de la piel. Frotar vigorosamente con la toalla puede irritar la piel y agravar la resequedad. En su lugar, se recomienda secar la piel con suaves toques, permitiendo que la toalla absorba la humedad de forma gradual.
Más allá de la frecuencia y la duración, el momento del día en que nos duchamos también puede influir en nuestro bienestar. Una ducha matutina con agua templada puede ayudarnos a despertar y activarnos para el día, mientras que una ducha nocturna con agua caliente puede promover la relajación y prepararnos para un sueño reparador. La clave está en escuchar a nuestro cuerpo y adaptar nuestros hábitos a nuestras necesidades individuales.
En definitiva, la higiene personal es una cuestión de equilibrio. Mantener la piel limpia es esencial, pero hacerlo en exceso puede ser contraproducente. La clave está en encontrar la frecuencia y el método que mejor se adapten a nuestra edad, estilo de vida y las necesidades específicas de nuestra piel. Consultar con un dermatólogo puede ser de gran ayuda para determinar la rutina de higiene más adecuada para cada caso. Al fin y al cabo, una piel sana es sinónimo de bienestar y belleza.
Fuente: El Heraldo de México