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19 de junio de 2025 a las 09:15
Israel al borde del abismo
La escalada de tensión en Medio Oriente nos mantiene al borde del abismo. El reciente ataque de Israel a Irán, bajo la operación "León Naciente", ha encendido la mecha de un conflicto que amenaza con expandirse a dimensiones catastróficas. No se trata de un simple intercambio de fuego, sino de un choque de titanes con implicaciones globales. La sombra de una guerra nuclear planea sobre nosotros, y la comunidad internacional parece observar con preocupante pasividad.
Recordemos que la situación actual es la culminación de una serie de agresiones por parte de Israel hacia Palestina. La Franja de Gaza y Cisjordania han sido escenario de una violencia incesante, un verdadero genocidio que ha cobrado la vida de miles de inocentes. La impunidad con la que Israel ha actuado, amparada por el silencio cómplice de las grandes potencias, ha envalentonado a Netanyahu, llevándolo a cruzar la línea roja con el ataque a Irán.
Irán, por su parte, no se ha quedado de brazos cruzados. Un país que nunca ha ocultado su capacidad nuclear, ha respondido con firmeza, dejando de lado la diplomacia en un intento desesperado por proteger su soberanía. Este intercambio de golpes, lejos de apaciguar la situación, la ha exacerbado, creando un círculo vicioso de violencia que nos arrastra hacia el precipicio.
La postura de Estados Unidos, con Donald Trump a la cabeza, es especialmente alarmante. Su apoyo incondicional a Netanyahu, un líder con órdenes de aprehensión por crímenes de guerra, echa leña al fuego. En lugar de buscar una solución pacífica, Trump alimenta el conflicto, mostrando una parcialidad que socava cualquier intento de diálogo. ¿Acaso no recuerda el mundo las consecuencias devastadoras de intervenciones pasadas en la región?
La ineficacia de organismos internacionales como la ONU es igualmente preocupante. Su tibia respuesta, su silencio casi cómplice, los convierte en actores pasivos de esta tragedia. El silencio mata, y en este caso, el silencio de la ONU es ensordecedor. ¿Dónde está la diplomacia? ¿Dónde está la defensa de los derechos humanos?
Este conflicto no es un asunto lejano que podamos observar con indiferencia. Sus consecuencias nos afectarán a todos, sin importar fronteras ni ideologías. La escalada de precios del petróleo, la inestabilidad geopolítica, el riesgo de una guerra nuclear… son amenazas reales que penden sobre la humanidad.
Mientras el mundo se tambalea al borde del abismo, Rusia y Estados Unidos parecen encontrar un beneficio perverso en esta crisis. Para Rusia, la escalada del precio del petróleo representa una oportunidad económica y una distracción de la guerra en Ucrania. Para Estados Unidos, el conflicto en Medio Oriente eclipsa el escándalo de Trump y su relación con Jeffrey Epstein. ¿Es acaso el sufrimiento humano un simple peón en el juego de poder de las superpotencias?
No podemos permitir que la ambición y la indiferencia nos conduzcan a la destrucción. Es hora de alzar la voz, de exigir un alto al fuego, de exigir una solución pacífica. La humanidad no puede permitirse otra guerra. El futuro de nuestro planeta está en juego.
Fuente: El Heraldo de México