19 de junio de 2025 a las 05:50
Impacto de la guerra en Irán sobre México
La sombra de la incertidumbre se cierne sobre la economía global, y México, a pesar de la distancia geográfica, no está exento de sus efectos. Las crecientes tensiones entre Israel e Irán, un polvorín geopolítico en el corazón de Oriente Medio, amenazan con desencadenar una cascada de consecuencias económicas que podrían repercutir con fuerza en nuestro país. No se trata de un escenario hipotético, sino de una posibilidad real que exige un análisis profundo y una preparación estratégica.
El estrecho de Ormuz, un angosto pasaje marítimo de vital importancia para el comercio mundial, se convierte en el epicentro de esta preocupante situación. Por sus aguas transita un flujo constante de energía que alimenta las economías del planeta, representando aproximadamente el 20% del petróleo y una proporción similar del gas natural licuado que se consume a nivel global. Cualquier interrupción en este flujo, por mínima que parezca, tendría un impacto inmediato y devastador en los mercados internacionales. Imaginen un corte de suministro en esta arteria energética: el precio del gas natural, ya de por sí volátil, se dispararía a niveles estratosféricos, arrastrando consigo los costos de la electricidad, el transporte y, por supuesto, los alimentos.
La dependencia de México de las importaciones energéticas, especialmente de gas natural, nos coloca en una posición vulnerable ante este tipo de crisis. Si bien somos exportadores de crudo, la realidad es que importamos una cantidad significativa de gasolina y gas, lo que nos expone a las fluctuaciones de los precios internacionales. Un aumento sostenido en el costo de la energía no solo presionaría nuestra balanza comercial, sino que también alimentaría la inflación, un monstruo que erosiona el poder adquisitivo de las familias mexicanas y dificulta el crecimiento económico.
El gobierno, en un intento por mitigar el impacto en la población, podría recurrir a subsidios para contener los precios de los combustibles. Sin embargo, esta medida, aunque necesaria en el corto plazo, no es sostenible a largo plazo. Mantener estos subsidios por un período prolongado debilita las finanzas públicas, limita la capacidad de maniobra fiscal y reduce los recursos disponibles para invertir en áreas cruciales como la educación, la salud y la infraestructura.
El escenario más pesimista contempla un aumento exponencial en los precios de los combustibles y otros insumos que México importa. Esta espiral inflacionaria golpearía con mayor fuerza a los sectores más vulnerables de la población, aquellos que destinan una mayor proporción de sus ingresos a la compra de bienes básicos. La incertidumbre se convertiría en una constante, generando un clima de desconfianza que afectaría la inversión y el crecimiento económico.
Ante este panorama complejo, la solución ideal, aunque difícil de alcanzar en el corto plazo, es una tregua duradera entre Israel e Irán. Un acuerdo que permita estabilizar la región y garantizar el flujo ininterrumpido de energía a través del estrecho de Ormuz. Mientras tanto, México debe fortalecer su estrategia energética, diversificar sus fuentes de suministro y promover la eficiencia en el consumo de energía. La autosuficiencia energética, aunque un objetivo a largo plazo, es la mejor garantía para proteger nuestra economía de las turbulencias geopolíticas y asegurar un futuro próspero para todos los mexicanos.
Fuente: El Heraldo de México