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19 de junio de 2025 a las 18:30

Hallazgo trágico: las pistas tras la muerte de Hilary Yukary

La angustia que se respira en Chimalhuacán es palpable. La desaparición de Hilary Yukary, una joven de apenas 18 años, ha conmocionado a la comunidad y ha dejado a su familia sumida en un dolor indescriptible. El pasado 9 de junio, Hilary salió de su casa y, como tantas otras veces, se esperaba su regreso. Sin embargo, las horas se convirtieron en días, y la incertidumbre se transformó en una pesadilla. La familia, desesperada, inició una búsqueda incansable, recorriendo las calles, preguntando a amigos y conocidos, aferrándose a la esperanza de encontrarla sana y salva.

Imaginen la desesperación de una madre que, durante días, recorre cada rincón que su hija frecuentaba, reviviendo cada momento, cada sonrisa, cada abrazo. Un recorrido infructuoso que la llevó, cinco días después de la desaparición, a las puertas de las autoridades, buscando el apoyo que la angustia le impedía brindar por sí misma. La respuesta, sin embargo, no fue la esperada. La lentitud de la investigación oficial, la falta de avances palpables, obligó a la familia a continuar la búsqueda por sus propios medios, una lucha contra el tiempo y la desesperanza.

La búsqueda se extendió hasta el municipio vecino de Nezahualcóyotl, concretamente al Bordo de Xochiaca, un lugar que se ha convertido en triste escenario de tragedias similares. Allí, en un tiradero a la altura de la colonia Benito Juárez, el horror se hizo presente. Un cuerpo envuelto en una cobija blanca con rojo, un bulto que contenía los restos de una joven con las características de Hilary. La imagen, desgarradora, marca un punto de inflexión en la historia, un momento que quedará grabado en la memoria colectiva de la comunidad.

El hallazgo, realizado por la propia madre de Hilary, pone de manifiesto la falta de recursos y la desesperación que viven las familias de las víctimas de desaparición en México. La escena, iluminada por la luz artificial de la noche, se convirtió en un testimonio mudo del dolor y la impotencia. Un cuerpo con signos de violencia, envuelto en plástico, en avanzado estado de descomposición. La confirmación de la peor pesadilla.

La tardanza en la llegada de las autoridades, cerca de seis horas y media después del hallazgo, añade otra capa de indignación a la tragedia. La presión ejercida por la familia fue clave para que finalmente el personal de la fiscalía llegara al lugar e iniciara la investigación bajo el protocolo de feminicidio. Un protocolo que, si bien es un avance, llega tarde para Hilary.

Las preguntas sin respuesta se acumulan. ¿Qué sucedió con Hilary en los días que estuvo desaparecida? ¿Quiénes son los responsables de este atroz crimen? ¿Por qué las autoridades no actuaron con la celeridad que el caso requería? Estas son algunas de las interrogantes que claman por justicia.

La familia de Hilary, mientras espera la entrega de los restos, se aferra a la esperanza de que se haga justicia. Que la investigación sea exhaustiva, que los responsables sean llevados ante la justicia y que la memoria de Hilary se convierta en un símbolo de la lucha contra la violencia de género. Una lucha que, en México, se libra día a día, en cada calle, en cada hogar, en cada corazón. La historia de Hilary nos recuerda la fragilidad de la vida y la urgente necesidad de construir una sociedad más justa y segura para todas las mujeres. Una sociedad donde la desaparición de una joven no se convierta en una estadística más, sino en un llamado a la acción.

Fuente: El Heraldo de México