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19 de junio de 2025 a las 09:25
¿G7 o caos global?
La abrupta salida de Donald Trump del G7 ha dejado un vacío de liderazgo en el escenario internacional y una estela de interrogantes sobre el futuro de la cooperación global. Más allá del desaire protocolario, la actitud de Trump refleja una profunda desconfianza en los mecanismos multilaterales y una preferencia por la diplomacia bilateral, que considera más efectiva para obtener concesiones. Esta visión transaccional de las relaciones internacionales, donde cada acuerdo se percibe como una negociación de suma cero, contrasta con la visión de cooperación y consenso que tradicionalmente ha impulsado el G7.
El episodio del G7 no es un hecho aislado. Se inscribe en una tendencia más amplia de la política exterior de Trump, marcada por el escepticismo hacia los organismos internacionales y la búsqueda de acuerdos bilaterales, a menudo con tintes proteccionistas. Desde su salida del Acuerdo de París sobre el cambio climático hasta la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), Trump ha demostrado una clara preferencia por las negociaciones uno a uno, donde cree tener mayor capacidad de presión.
Este enfoque unilateralista, sin embargo, plantea serios desafíos para la resolución de problemas globales que requieren la cooperación de múltiples actores. La crisis en Ucrania, la guerra entre Israel e Irán, el cambio climático, la pandemia de COVID-19, son todos ejemplos de problemas complejos que no pueden ser abordados eficazmente por un solo país, por poderoso que sea.
La ausencia de un liderazgo claro y coordinado a nivel internacional genera un vacío que puede ser aprovechado por otros actores, como China y Rusia, para impulsar sus propias agendas. La falta de consenso en el G7 sobre cómo abordar la crisis en Ucrania, por ejemplo, debilita la posición occidental frente a Rusia y dificulta la búsqueda de una solución pacífica al conflicto.
En el caso de la guerra entre Israel e Irán, la decisión de Trump de marginar al G7 y centrarse en una estrategia bilateral con Israel aumenta el riesgo de una escalada del conflicto y dificulta la búsqueda de una solución diplomática. La ausencia de un frente común internacional contra las ambiciones nucleares de Irán debilita la presión sobre el régimen de Teherán y aumenta la posibilidad de una carrera armamentista en la región.
La preferencia de Trump por las negociaciones bilaterales también tiene implicaciones para la Unión Europea. Al marginar a la UE como bloque y buscar acuerdos individuales con cada país miembro, Trump debilita la unidad europea y dificulta la defensa de los intereses comunes del continente. La reunión cancelada con Úrsula Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, es un claro ejemplo de esta estrategia divisiva.
En conclusión, la salida de Trump del G7 es un síntoma preocupante de la fragmentación del orden internacional y del declive del multilateralismo. Su apuesta por la diplomacia transaccional y bilateral, si bien puede resultar beneficiosa en el corto plazo para obtener concesiones específicas, a largo plazo debilita la capacidad de la comunidad internacional para afrontar los desafíos globales y amenaza con sumir al mundo en una era de inestabilidad e incertidumbre. La necesidad de un liderazgo global fuerte y cooperativo nunca ha sido más urgente. El futuro del planeta depende de ello.
Fuente: El Heraldo de México