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19 de junio de 2025 a las 12:35

Domina el arte de la arcilla

Adentrarse en el Seminario de Cultura Mexicana estos días es como sumergirse en un universo de arcilla palpitante. Hasta el 3 de agosto, las obras de Gustavo Pérez nos invitan a un "Juego Infinito", una danza entre la técnica depurada y la intuición desatada. No se trata de una simple retrospectiva, sino de una vibrante declaración de presente, una muestra de la energía inagotable de un artista que lleva más de cinco décadas explorando las posibilidades expresivas del barro.

Pérez no se conforma con repetir fórmulas exitosas. Al contrario, se lanza a la aventura de lo desconocido, guiado por un instinto certero y una curiosidad insaciable. En sus propias palabras, la relación con el material, después de tantos años, es "más libre, más confiada". La técnica, dominada con maestría, se convierte en una herramienta al servicio de la intuición, en un vehículo para materializar las ideas que bullen en su mente. No todas las visiones son viables, admite, pero es precisamente en esa tensión, en ese forcejeo entre lo posible y lo imposible, donde reside la magia de la creación.

La exposición despliega un abanico fascinante de formas y texturas. Vasijas torneadas con precisión milimétrica conviven con estructuras geométricas audaces, piezas ensambladas con delicadeza y composiciones que desafían las leyes de la gravedad. Cada obra es una variación, una permutación de un lenguaje plástico que Pérez ha ido refinando a lo largo de su trayectoria. Las superficies, sutilmente pulidas, se convierten en lienzos donde incisiones y cortes trazan patrones visuales de una precisión exquisita. No se trata de mera decoración, sino de una escritura táctil que dialoga con la luz y la sombra, creando un juego de contrastes que cautiva la mirada.

Junto a estas piezas, emergen otras más experimentales, intervenidas con pintura acrílica o témpera tras la cocción. Pérez expande así los límites tradicionales de la cerámica, explorando nuevas posibilidades cromáticas y texturales. Su proceso creativo no se rige por un método fijo, sino que se nutre de la improvisación y el azar. A veces, las formas surgen como imágenes borrosas en su mente; otras, es el propio material el que le susurra el camino a seguir. No busca la belleza como un fin en sí mismo, sino que la abraza con gratitud cuando aparece, como una consecuencia natural de la armonía entre la idea y la materia.

El barro, para Pérez, no es un material dócil, sino un territorio de riesgo, un espacio donde el error puede ser tan fértil como la certeza. En sus propias palabras, "el barro es traicionero. Y eso es maravilloso". Es en esos accidentes, en esas desviaciones inesperadas del plan original, donde a menudo se esconde la revelación, la chispa que enciende una nueva idea.

Este espíritu lúdico, esta disposición a lo incierto, es la que da sentido al título de la exposición. "Juego Infinito" alude a la experimentación constante, a la búsqueda incesante de nuevas formas de expresión. Como en la música, Pérez juega con un sistema de reglas y estructuras, pero ese juego, como el arte mismo, es un proceso sin fin.

Aunque su obra ha sido fundamental en el desarrollo de la cerámica contemporánea latinoamericana, Pérez se resiste a las etiquetas. La vieja discusión sobre la frontera entre arte y artesanía le resulta anacrónica. Para él, la cerámica, como cualquier otra disciplina, puede ser arte si se aborda con la profundidad y la búsqueda necesarias.

Sus fuentes de inspiración, confiesa, provienen en su mayoría de otros campos: la música, la literatura, la poesía. La emoción que le provoca un concierto o un libro es la que alimenta su trabajo. La cerámica es el medio, pero el impulso creativo nace en otro lugar. Por eso, "Juego Infinito" no es un punto final, sino un punto de partida, un testimonio de un proceso en constante expansión.

En esta exposición, el barro no es solo materia, sino también pensamiento, ritmo, intuición y asombro. Y en esa capacidad de asombro, en esa apertura a lo inesperado, reside la fuerza y la vitalidad de la obra de Gustavo Pérez, un artista que, a pesar de su larga trayectoria, sigue jugando, sigue explorando, sigue transformando la arcilla en poesía visual.

Fuente: El Heraldo de México