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19 de junio de 2025 a las 09:25

Desvela la niebla de guerra

La tensión en Oriente Medio se ha disparado. Lo que se venía gestando como una sombra amenazante, finalmente ha estallado en una confrontación abierta. Los ataques israelíes, que ya habían sacudido Beirut en septiembre y diezmado la cúpula de Hezbolá, preludiaban la tormenta que ahora se desata sobre Irán. No hablamos de simples escaramuzas, sino de una ofensiva a gran escala, un ataque sin precedentes que combina la precisión quirúrgica del sabotaje con el despliegue de drones y comandos del Mossad en territorio iraní.

El objetivo declarado por Israel es claro: frenar el programa nuclear iraní. Un programa que, recordemos, precede a la propia República Islámica, remontándose a la época del Sha. Sin embargo, la magnitud de la operación y la decapitación de figuras clave del aparato militar y de inteligencia iraní, incluyendo al jefe de Estado Mayor y al asesor del Guía Supremo, sugieren una ambición que va más allá de la simple contención nuclear. El mensaje es contundente: debilitar al régimen iraní, aislar al ayatollah Jamenei y, quizás, allanar el camino para un cambio de régimen.

El llamamiento de Netanyahu al "gran pueblo de Irán", evocando la opresión de la dictadura y la simbología del León Ascendente –un guiño inequívoco a la bandera del Sha–, no deja lugar a dudas sobre las intenciones de Israel. Se busca agitar el descontento interno, activar a la oposición y presentar a Israel como libertador.

La República Islámica se encuentra en una posición precaria. Habiendo perdido influencia en Líbano y Siria, sus principales aliados se reducen a algunos grupos iraquíes y los houthis en Yemen. La respuesta inmediata de Teherán, previsiblemente, será el lanzamiento de misiles balísticos. Pero, ¿qué ocurrirá cuando ese arsenal comience a agotarse? Las opciones que se abren ante Irán son cada vez más arriesgadas: un bloqueo parcial del Estrecho de Ormuz, la retirada del Tratado de No Proliferación Nuclear, o incluso ataques contra intereses estadounidenses en la región. El escenario se torna peligrosamente volátil.

La gran incógnita es si el audaz plan de Netanyahu, que apuesta por la destrucción total del programa nuclear iraní y la implicación de Estados Unidos, es realmente viable. ¿Y qué consecuencias tendrá esta escalada de violencia para el conflicto en Gaza? La bruma de la guerra dificulta las predicciones, pero una cosa es cierta: la ofensiva de Tel Aviv contra Teherán es un paso más en la ambición de Netanyahu de convertir a Israel en la potencia hegemónica de Oriente Medio. Una ambición que, de materializarse, podría redibujar el mapa geopolítico de la región y tener consecuencias impredecibles para la paz mundial. Nos encontramos ante un punto de inflexión, un momento crucial que exige un análisis profundo y una respuesta internacional mesurada para evitar una conflagración aún mayor.

La comunidad internacional observa con inquietud el desarrollo de los acontecimientos. La posibilidad de una escalada regional, con la implicación de actores externos, no puede descartarse. La diplomacia se antoja ahora más necesaria que nunca para contener la espiral de violencia y buscar una solución pacífica a un conflicto que amenaza con desestabilizar aún más una región ya de por sí convulsa. El futuro de Oriente Medio, y quizás del mundo, pende de un hilo.

Fuente: El Heraldo de México