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19 de junio de 2025 a las 09:25
Desarrolla el Sur: Agua, Energía y Tierra
Durante décadas, el norte de México se erigió como el titán industrial del país, impulsado por su proximidad a Estados Unidos, una mano de obra abundante y costos competitivos, así como una infraestructura logística y energética establecida. Sin embargo, este modelo, antaño exitoso, se tambalea ante los desafíos del siglo XXI: la escasez de agua, la saturación urbana, la creciente inseguridad y la presión sobre los costos logísticos y energéticos. Mientras el norte enfrenta estas dificultades, el sur-sureste, históricamente rezagado, emerge como una promesa de desarrollo, una nueva frontera con un potencial latente a punto de explotar. Esta región, rica en recursos naturales y con una población ávida de oportunidades, se presenta como una alternativa viable y sostenible para el futuro de México.
Tres pilares fundamentales sostienen esta visión: la abundancia de agua, la disponibilidad de energía limpia y la seguridad. A diferencia del norte, donde la industria compite con el consumo humano por el vital líquido, el sur-sureste cuenta con reservas hídricas que permiten un desarrollo industrial responsable y equilibrado. Además, la región se perfila como un bastión de energía limpia, con un potencial enorme en fuentes renovables como la solar y la eólica, lo que garantiza un futuro energético sustentable. La estabilidad social y la seguridad, a menudo ausentes en otras zonas del país, se suman a la ecuación, creando un entorno propicio para la inversión y el crecimiento económico.
Campeche, en particular, se erige como un ejemplo paradigmático de esta transformación. Con la segunda mayor disponibilidad de agua por habitante en el país, vastas extensiones de tierra libre de conflictos agrarios a precios competitivos y una apuesta decidida por la modernización de su infraestructura energética, el estado se posiciona como un destino atractivo para la inversión. La próxima llegada del gas natural, la expansión de la generación solar y el impulso logístico que traerá el Tren Maya, con su innovadora modalidad de carga, abren un abanico de posibilidades para el desarrollo industrial y logístico.
El modelo productivo del norte, basado en la manufactura intensiva y la cercanía con Estados Unidos, difícilmente puede replicarse en el sur-sureste. No se trata de copiar, sino de innovar. La región exige un modelo propio, sustentable, planificado y territorialmente equilibrado, que aproveche sus ventajas competitivas y minimice su impacto ambiental. Campeche, con su riqueza en materias primas de alta calidad, tiene la oportunidad de diversificar su economía, apostando por la industrialización y el valor agregado, generando empleos de calidad y bienestar para su población.
La gobernadora Layda Sansores San Román ha expresado con firmeza la necesidad de impulsar al sur, no solo como receptor de compensaciones, sino como una prioridad geoestratégica para el desarrollo del país. Campeche, con su estabilidad social, paz laboral y voluntad de inversión, está listo para asumir este desafío. Sin embargo, el éxito de esta transformación requiere un esfuerzo conjunto, una sinergia entre la Federación, el estado y los municipios.
El puerto de Seybaplaya, con su vocación multimodal y la estrategia de los Polos del Bienestar, se presenta como un catalizador de este desarrollo, atrayendo inversiones y generando un impacto positivo en la economía local. Agua, energía y tierra: estos son los tres ejes que impulsarán la prosperidad y la inversión en Campeche. Con decisión, planeación y colaboración, el estado puede transformar su potencial en realidad, convirtiéndose en el motor sustentable del futuro de México. No se trata solo de una posibilidad, sino de una oportunidad histórica que no podemos dejar pasar.
Fuente: El Heraldo de México