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19 de junio de 2025 a las 17:15

Beneficios y riesgos de comer pancita: lo que debes saber

El menudo, ese elixir dominical que nos resucita después de una noche de fiesta, ¿héroe culinario o villano disfrazado? Su aroma penetrante, ese vaho que impregna las calles desde temprano, evoca la tradición, el calor de hogar y la promesa de un remedio casi mágico para el cuerpo cansado. Pero más allá del mito y el sabor inigualable, ¿qué hay de cierto en sus poderes curativos? ¿Es realmente un alimento saludable o un placer culpable que debemos disfrutar con cautela?

Empecemos por desmitificar la pancita, desmenuzando sus componentes y analizando sus beneficios. Es cierto que este plato, heredado de generaciones, aporta proteínas de alta calidad, esenciales para la construcción y reparación de tejidos. Además, su contenido en colágeno y gelatina, sustancias naturalmente presentes en el estómago de res, puede contribuir a la salud de la piel, las articulaciones e incluso favorecer la digestión. Para quienes siguen dietas bajas en carbohidratos, la pancita se presenta como una opción viable, siempre y cuando se controle la cantidad de acompañamientos como tortillas o arroz. Hasta aquí, todo parece indicar que estamos ante un alimento con un potencial nutricional interesante.

Sin embargo, la historia no termina ahí. Como toda víscera, la pancita contiene una cantidad considerable de colesterol y grasas saturadas. Si bien estas grasas son necesarias para ciertas funciones del organismo, su consumo excesivo puede elevar los niveles de colesterol en sangre, un factor de riesgo para enfermedades cardiovasculares, especialmente en personas con predisposición genética o con padecimientos como hipertensión o diabetes.

Otro aspecto a considerar es el sodio, un ingrediente casi omnipresente en la preparación del menudo. Desde los consomés comerciales hasta la sal que se añade generosamente para realzar su sabor, el contenido de sodio en este platillo puede ser considerablemente alto. El consumo excesivo de sodio, recordemos, está asociado con la hipertensión arterial y puede afectar la salud renal a largo plazo.

Y no podemos olvidar el punto crucial de la higiene. Al tratarse de una víscera, la limpieza y cocción adecuada del estómago de res son fundamentales para evitar la proliferación de bacterias que pueden causar enfermedades gastrointestinales. Consumir pancita en lugares con dudosa higiene representa un riesgo para la salud que no debemos ignorar.

Entonces, ¿podemos disfrutar de un buen plato de menudo sin remordimientos? La respuesta es sí, pero con moderación y sentido común. La clave está en el equilibrio. Elijamos lugares donde se garantice la higiene en la preparación, optemos por recetas con menos grasa y sal, y consideremos la pancita como un gusto ocasional, no como un alimento básico de nuestra dieta diaria. De esta manera, podremos disfrutar de su sabor y sus beneficios sin poner en riesgo nuestra salud. Al final, la sabiduría popular no se equivoca del todo: la pancita puede ser un revitalizante, pero su consumo debe ser responsable e informado.

Fuente: El Heraldo de México