18 de junio de 2025 a las 09:15
Música y Votos: ¿Una Historia Imposible?
La jornada electoral del pasado domingo, destinada a elegir por primera vez en la historia de México a los integrantes del Poder Judicial a través del voto popular, ha dejado un sabor agridulce. Si bien se ha celebrado como un hito en la democratización del país, la sombra de la duda se cierne sobre el proceso debido a la controvertida utilización de los llamados "acordeones" electorales.
Es innegable el titánico esfuerzo realizado por el Instituto Nacional Electoral (INE) para llevar a cabo esta elección en circunstancias complejas. Con un presupuesto recortado a más de la mitad, el INE logró capacitar a miles de funcionarios, instalar más de 80 mil casillas y gestionar la elección de 881 cargos federales, procesando más de tres mil candidaturas. Una auténtica proeza logística que implicó la impresión de 602 millones de boletas, el doble que en procesos anteriores. Imaginemos la magnitud de la operación: montañas de papel, ríos de tinta, un ejército de personas trabajando incansablemente para garantizar el derecho al voto de los ciudadanos.
Sin embargo, este despliegue institucional se vio empañado por la aparición de estos "acordeones", pequeños documentos que contenían la lista de candidatos preferidos por el oficialismo, facilitando el voto en bloque y levantando sospechas sobre la posible manipulación del proceso. La coincidencia de la distribución de estos acordeones en más del 90% de las casillas del Tribunal de Disciplina Judicial y en más del 60% de las de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) es, cuanto menos, inquietante. Si bien el INE ha remitido estos casos a la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales (FISEL) y al Tribunal Electoral, el hecho pone en evidencia una falla en la pedagogía electoral promovida desde el gobierno. ¿Se buscaba realmente educar al votante o influir en su decisión?
La complejidad del proceso electoral también jugó un papel importante. En la Ciudad de México, por ejemplo, cada elector recibió nueve boletas, seis federales y tres locales, con la posibilidad de emitir hasta 57 votos. Un verdadero laberinto electoral que podría haber confundido a más de uno. ¿Cuántos ciudadanos, ante tal avalancha de información, habrán recurrido a los "acordeones" como una guía rápida y sencilla para ejercer su derecho al voto? ¿Cuántos, sin esa "ayuda", se habrían sentido perdidos en la maraña de nombres y cargos? Es una pregunta que nos obliga a reflexionar sobre la accesibilidad y la transparencia de nuestros procesos democráticos.
A pesar de las irregularidades, el INE declaró válida la elección, argumentando que la mayoría de las casillas operaron sin incidentes. Sin embargo, la voz de los consejeros disidentes, que advirtieron sobre la gravedad de las anomalías y la inverosímil uniformidad del voto, resuena con fuerza. El bajo índice de participación, con solo 12 de cada 100 boletas utilizadas, también invita a la reflexión. ¿Es la apatía ciudadana, la complejidad del proceso o la desconfianza en el sistema lo que explica esta baja afluencia a las urnas?
El futuro del Poder Judicial, ahora electo por voto popular, dependerá de la capacidad del sistema para garantizar la transparencia y la imparcialidad de los procesos electorales. El INE ha demostrado su capacidad técnica y su compromiso institucional, pero el verdadero reto será blindar las elecciones contra la manipulación y las estrategias políticas que buscan reducir el voto a una mera simulación. La democracia, como un jardín, necesita ser cuidada y protegida constantemente para que pueda florecer con fuerza y vigor. El camino hacia una justicia verdaderamente democrática apenas comienza, y la participación ciudadana, informada y crítica, será fundamental para consolidar este importante avance.
Fuente: El Heraldo de México