18 de junio de 2025 a las 09:25
México: ¿Silencio cómplice ante la guerra?
El eco de las explosiones retumba aún en mis oídos, un sonido que se ha vuelto tristemente familiar en las calles de mi Ucrania natal. Desde la distancia, el corazón se me estruja al ver las imágenes de ciudades que alguna vez bullían de vida, ahora reducidas a escombros. Hospitales bombardeados, escuelas convertidas en refugios, familias destrozadas… la barbarie de la guerra se ceba con los más vulnerables, robándoles la infancia, la seguridad, el futuro. Putin, en su delirio de grandeza, ha desatado una ola de terror sobre un pueblo que solo desea vivir en paz, que solo anhela la libertad. Su ejército, incapaz de vencer la férrea resistencia de nuestros soldados, descarga su furia contra civiles inocentes. ¿Qué clase de victoria es esa que se construye sobre los cuerpos de niños y ancianos? ¿Qué clase de líder se esconde tras la máscara del poder mientras ordena la destrucción sistemática de un país soberano?
La propaganda rusa intenta pintar un cuadro distorsionado de la realidad, una narrativa llena de falsedades y medias verdades. Hablan de "operación especial", de "desnazificación", pero la verdad es una sola: una invasión brutal, un acto de agresión injustificado que viola todos los principios del derecho internacional. El Kremlin intenta silenciar las voces disidentes, manipular la información, sembrar la confusión. Pero la verdad, como una llama inextinguible, se abre paso entre las tinieblas. El mundo ve las imágenes, escucha los testimonios, comprende la magnitud de la tragedia que se está desarrollando en el corazón de Europa.
México, tierra de solidaridad y lucha, no puede permanecer indiferente ante el sufrimiento de Ucrania. Su historia, marcada por la defensa de la soberanía y la justicia social, la convierte en una voz fundamental en el concierto de las naciones. Cada palabra de condena, cada gesto de apoyo, cada acción humanitaria, es un rayo de esperanza para quienes resisten bajo las bombas. No se trata de tomar partido en un conflicto geopolítico, se trata de defender los valores universales de la paz, la libertad y la dignidad humana. Se trata de decir "basta" a la barbarie, de alzar la voz contra la injusticia, de tender la mano a quienes la necesitan.
Hoy, más que nunca, necesitamos la solidaridad del mundo. Necesitamos que México, con su peso diplomático y su influencia regional, se sume a la condena internacional de la agresión rusa. Necesitamos que exija el cese inmediato de las hostilidades, la retirada de las tropas rusas y el respeto a la integridad territorial de Ucrania. Necesitamos que apoye la creación de corredores humanitarios para la evacuación de civiles y el envío de ayuda humanitaria a las zonas afectadas.
La indiferencia es cómplice del agresor. El silencio es un arma que mata tanto como las bombas. Cada día que pasa sin una respuesta contundente de la comunidad internacional, es un día más de sufrimiento para el pueblo ucraniano. No podemos permitir que la historia se repita. No podemos mirar hacia otro lado mientras una nación soberana es destruida ante nuestros ojos. El futuro de Ucrania, el futuro de Europa, el futuro de la humanidad, depende de la respuesta que demos hoy. Alcemos la voz por Ucrania, alcemos la voz por la paz.
Fuente: El Heraldo de México