18 de junio de 2025 a las 09:25
IA: Transformando Norteamérica
La sombra de la Espada de Damocles, una analogía perfecta para la inminente revisión del T-MEC, se cierne sobre la economía norteamericana, generando incertidumbre y expectativas. Si bien México inicialmente percibió el tratado como una promesa de prosperidad ligada al nearshoring, hoy la defensa del T-MEC se ha convertido en la piedra angular de su política exterior, una postura justificada por la profunda interdependencia económica tejida a lo largo de tres décadas.
La contundencia del argumento económico a favor del T-MEC es innegable. En 2024, la economía de Norteamérica representó un imponente 29% del PIB mundial. El comercio intrarregional es el motor de millones de empleos, impulsando sectores clave como la industria automotriz y aeronáutica. Además, la región goza de una envidiable seguridad alimentaria, un logro directamente atribuible a la integración facilitada por el tratado.
Sin embargo, la defensa del T-MEC no puede limitarse a lo económico. Un enfoque estratégico requiere comprender y abordar las prioridades políticas de la administración del Presidente Trump, y en este contexto, la cadena de suministro de alta tecnología y la inteligencia artificial emergen como temas cruciales.
La reciente disputa comercial entre Estados Unidos y China expuso la vulnerabilidad de las cadenas de suministro globales ante el control chino de las tierras raras, esenciales para industrias enteras. China procesa una cantidad abrumadora de estos materiales, superando seis veces la capacidad de Estados Unidos y del resto del mundo combinado. Este desequilibrio, sumado a las inversiones anunciadas por el Presidente Trump en inteligencia artificial, revela la prioridad estratégica de Estados Unidos: reducir la dependencia de Asia y asegurar el liderazgo norteamericano en tecnología. Aquí reside la próxima gran frontera del T-MEC, una oportunidad que México no debe desaprovechar.
Para México, enfocar la revisión del tratado únicamente en los beneficios actuales sería un error estratégico, una invitación a nuevas concesiones en sectores como el automotriz, la homologación de aranceles o la política laboral. Sería un juego de suma cero donde México estaría en desventaja.
En cambio, México tiene la oportunidad de presentar una propuesta proactiva, en colaboración con el sector privado, que posicione la mayor integración en el procesamiento de tierras raras, energía y cadenas de suministro de inteligencia artificial como una oportunidad geopolítica inigualable para Estados Unidos. Esta estrategia no solo fortalecería la región, sino que también ofrecería una solución tangible a la dependencia de China y consolidaría la competitividad norteamericana. Es una visión a largo plazo que transformaría la revisión del T-MEC de una posible amenaza en una plataforma para el crecimiento y la seguridad regional. Un escenario donde la colaboración estratégica, y no la concesión, define el futuro de la integración norteamericana. Es el momento de que México lidere con visión y audacia.
Fuente: El Heraldo de México