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18 de junio de 2025 a las 09:25

GansEG: México y USA unidos

La frontera que separa a México y Guatemala, una línea trazada en los mapas, no puede dividir la profunda historia compartida que une a nuestros pueblos. Somos herederos de un legado milenario, dos ramas de un mismo árbol ancestral. Sin embargo, esta conexión vital se ve ensombrecida por la creciente amenaza del crimen transnacional, un flagelo que obliga a miles de familias a abandonar sus hogares en busca de un futuro incierto.

Chiapas, que comparte más del 65% de los 965 kilómetros de frontera común, se convierte en testigo diario del costo humano de la inseguridad. Desde esta trinchera, surge una propuesta crucial: la creación de una fuerza binacional de paz y seguridad, un pilar fundamental para una cooperación estructural y duradera entre ambas naciones.

El reciente operativo en Chiapas, que se extendió a territorio guatemalteco, no solo expuso la fragilidad de nuestras fronteras, sino que también abrió una ventana de oportunidad. La reactivación del Grupo de Alto Nivel de Seguridad (GANSEG), un mecanismo clave que había permanecido inactivo, demuestra la voluntad política de ambos gobiernos para abordar este desafío conjunto. Este relanzamiento sienta las bases para la conformación de una fuerza binacional con operaciones conjuntas, intercambio de inteligencia y una visión compartida.

El objetivo no es reemplazar las instituciones nacionales, sino fortalecer la seguridad regional a través de un modelo de cooperación. Se busca impulsar una vigilancia coordinada y respetuosa de la soberanía de cada país, reconociendo la complejidad de los flujos migratorios irregulares, las redes criminales transnacionales y las comunidades que viven en la zona fronteriza.

La seguridad regional exige una transición de los esfuerzos unilaterales hacia esquemas de gobernanza compartida. Más allá de la voluntad política, que ya existe, se requiere la institucionalización de los mecanismos de cooperación, una coordinación efectiva y una financiación sostenible a largo plazo.

El gobernador Eduardo Ramírez ha asumido el reto histórico de reconstruir la paz en la región. Su visión, clara y contundente, afirma que sin seguridad en la frontera no habrá desarrollo para Chiapas ni estabilidad para el país. Esta perspectiva territorial se alinea con la estrategia nacional de la presidenta Claudia Sheinbaum y del secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, quienes priorizan la paz con justicia y la inteligencia sobre la fuerza.

La propuesta de la fuerza binacional se sustenta en cinco pilares fundamentales: un tratado binacional que respete la soberanía de ambos países; un centro de inteligencia conjunta para el intercambio de información; una escuela policial compartida para la formación de agentes especializados; un fondo común con reglas plurianuales para asegurar la sostenibilidad financiera; y la participación activa de la sociedad civil y la academia en la construcción de la paz.

Esta iniciativa no surge de la nada. Existen modelos exitosos en Europa, como Europol, que demuestran la eficacia de la cooperación internacional en materia de seguridad. En América Latina, experiencias como el Plan Binacional Colombia-Ecuador y el propio GANSEG confirman que la coordinación funciona cuando se cuenta con marcos legales sólidos y un compromiso sostenido.

La creación de esta fuerza binacional tendría un impacto profundo en múltiples ámbitos. En seguridad, permitiría desarticular las redes criminales con mayor eficacia. En diplomacia, consolidaría un pacto entre países hermanos. En desarrollo económico, generaría confianza e inversión. Y en derechos humanos, protegería a los migrantes y a las comunidades olvidadas, ayudando a frenar la migración forzada, un fenómeno que obliga a las personas a abandonar sus hogares por la desesperación.

En Chiapas, ya se están sentando las bases para esta nueva era de cooperación. Se ha fortalecido la coordinación federal, se han reorganizado las capacidades locales y, con la reactivación del GANSEG, se cuenta con un andamiaje binacional para escalar la colaboración.

México tiene la oportunidad de convertirse en un referente regional en materia de seguridad humana. La frontera sur no debe ser la espalda del país, sino su rostro más visible, su frente más fuerte. Porque más allá de las estrategias y los tratados, existe un lazo profundo que nos une: la memoria compartida de dos pueblos que han caminado juntos por siglos.

La creación de esta fuerza binacional de paz no es solo una respuesta al crimen; es un acto de hermandad. Una declaración conjunta de que juntos no solo resistimos, sino que construimos un futuro mejor. Una promesa de que no permitiremos que las sombras se impongan sobre la dignidad de nuestros pueblos.

Fuente: El Heraldo de México