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18 de junio de 2025 a las 23:45

Femicidio en Día del Padre: Justicia para Yesica

La tragedia tiñó de rojo la celebración del Día del Padre en el municipio de Arjona, Bolívar. Yesica María Crespo Julio, de 38 años, perdió la vida a manos de su pareja, Eduardo Luis, en un brutal ataque con arma blanca. El escenario de este feminicidio, una finca en la vereda Mapurito, se convirtió en el mudo testigo de la violencia que venía gestándose en la intimidad de la pareja durante 18 años de convivencia.

La historia, relatada con dolor por familiares y amigos, dibuja un patrón de maltrato marcado por los celos, insultos y agresiones verbales. Una espiral de violencia que, a pesar de su evidente presencia, no logró romper el lazo que unía a Yesica con su agresor. Aquel sábado por la noche, la celebración se transformó en una pesadilla. El alcohol, como un catalizador de la furia contenida, desató la ira de Eduardo. Los testigos presenciaron con horror cómo los reproches y las acusaciones escalaron hasta culminar en un ataque feroz. Un cuchillo, empuñado por la mano de quien decía amarla, puso fin a la vida de Yesica, dejando a su paso un rastro de sangre y dolor.

Entre la conmoción y la desesperación, los presentes lograron someter al agresor, quien también resultó herido en el forcejeo. La llegada de la Policía, alertada a la 1:30 de la madrugada, confirmó la tragedia: Yesica yacía sin vida, víctima de una profunda herida en el pecho. El agresor, bajo los efectos del alcohol, fue trasladado a un hospital de Cartagena, donde permanece bajo custodia policial, a la espera de recuperarse de sus heridas para enfrentar la justicia.

Este feminicidio, que ha conmocionado a la comunidad, deja al descubierto la cruda realidad de la violencia de género. La familia de Yesica, sumida en el dolor, clama justicia y exige que este caso no quede impune. Sus voces se unen al coro de quienes piden medidas más contundentes para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres. Se preguntan, con desgarradora impotencia, si la tragedia se hubiera podido evitar. Si las señales de alerta, tan evidentes para quienes los rodeaban, hubieran sido suficientes para activar los mecanismos de protección.

La historia de Yesica es un recordatorio doloroso de la fragilidad de la vida y la urgencia de actuar frente a cualquier indicio de violencia. Es un llamado a la reflexión, a la empatía y a la acción. Un llamado a construir una sociedad donde las mujeres puedan vivir libres del miedo y la violencia. Mientras tanto, la justicia deberá seguir su curso, esperando que el peso de la ley caiga sobre el responsable de este atroz crimen y que la memoria de Yesica se convierta en un símbolo de la lucha contra la violencia de género. Un símbolo que nos recuerde que el silencio es cómplice y que la indiferencia mata. Que la vida de cada mujer es valiosa y que ninguna debe ser arrebatada por la violencia machista.

Fuente: El Heraldo de México