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18 de junio de 2025 a las 09:30
Alerta Mundial: Situación Crítica
La abrupta salida del presidente Trump de la Cumbre del G7, eclipsada por la sombra de la guerra entre Israel e Irán, ha generado un efecto dominó de consecuencias geopolíticas, impidiendo, entre otras cosas, el esperado encuentro entre el mandatario estadounidense y la presidenta de México. Esta reunión, cargada de expectativas, se perfilaba como una oportunidad crucial para abordar de frente los temas más álgidos de la agenda bilateral: la crisis migratoria, que continúa siendo un desafío complejo para ambas naciones; la seguridad, un tema siempre presente en la relación entre México y Estados Unidos, especialmente en el contexto del crimen organizado transnacional; y el comercio, pilar fundamental de la economía de ambos países, en un momento de redefinición de las reglas del juego a nivel global.
Si bien la cancelación del encuentro bilateral representa un revés, no debemos pasar por alto el significado del regreso de México a los foros internacionales. En un panorama global tan convulso, marcado por la escalada de conflictos bélicos, la irrupción disruptiva de las nuevas tecnologías y la reconfiguración del comercio mundial, la presencia de México en estos espacios cobra una relevancia estratégica. Es precisamente en estos momentos de incertidumbre donde la diplomacia y la cooperación internacional se vuelven herramientas indispensables para la defensa de los intereses nacionales.
El G7, un club selecto que concentra más del 60% de la riqueza neta global y el 44% del comercio mundial, se erige como un actor clave en la configuración del orden internacional. Aunque México no forma parte de este grupo, su estrecha vinculación con Estados Unidos, destino del 82.7% de sus exportaciones, lo convierte en un actor indirecto pero significativo en la dinámica del G7. La interdependencia económica entre México y los miembros del G7 es innegable, con un volumen comercial que alcanza cifras impresionantes: 1.6 billones de dólares con Estados Unidos, 30,000 millones de dólares con Canadá, 22,000 millones de dólares con Japón y 20,000 millones de dólares con Alemania. Incluso con Reino Unido, Francia e Italia, aunque las cifras no superen los 5,000 millones de dólares, la importancia estratégica de la relación bilateral es ineludible.
La cumbre de Kananaskis, celebrada en Canadá, definió una agenda prioritaria que gira en torno a tres ejes fundamentales: la paz y la seguridad global, la transición energética y digital, y la atracción de inversión privada para el desarrollo de infraestructuras, la creación de empleos bien remunerados y el impulso de mercados dinámicos. Estos temas, lejos de ser ajenos a la realidad mexicana, impactan directamente en el desarrollo y el futuro del país. Por ello, la participación activa y la gestión eficaz de nuestros representantes en foros internacionales se vuelven cruciales para mitigar riesgos y aprovechar las oportunidades que se presentan en el escenario global.
El conflicto en Medio Oriente, la guerra en Ucrania, los conflictos en África… estas crisis, además del inestimable costo humano, tienen un impacto directo en la economía global, elevando el precio de commodities esenciales como el petróleo, el acero y los minerales raros, y generando inestabilidad financiera a nivel internacional. Asimismo, la transición hacia energías limpias y la revolución tecnológica demandan una estrecha colaboración entre los países. México no puede permitirse el lujo de quedar al margen de estas transformaciones, so pena de quedar rezagado en la economía digital y perder el paso en los avances tecnológicos.
Finalmente, la atracción de inversiones para fortalecer el capital fijo, mediante el desarrollo de infraestructuras y la creación de un entorno de seguridad jurídica y social, se convierte en una prioridad ineludible para países como México. En el contexto de la relocalización industrial y la formación de nuevos bloques económicos, la captación de inversiones es clave para la generación de empleos dignos y productivos, impulsando el crecimiento económico y el desarrollo social.
La incertidumbre y las nuevas demandas económicas y culturales que caracterizan el cambio de época exigen la participación activa y comprometida de todos los países. El mundo no se detiene. Estos cambios ocurrirán con nosotros, sin nosotros o a pesar de nosotros. Pero si optamos por la ausencia, por falta de visión o por prejuicios ideológicos, las consecuencias serán aún más graves. El futuro de México se juega en la arena internacional.
Fuente: El Heraldo de México