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18 de junio de 2025 a las 02:05

¿Puede tu gato comer sandía? La veterinaria responde

El calor del verano aprieta y, al igual que nosotros buscamos refrescarnos con un jugoso trozo de sandía, es posible que nos preguntemos si podemos compartir este placer con nuestros felinos compañeros. La respuesta, como en muchos aspectos de la salud animal, es matizada: sí, los gatos pueden comer sandía, pero con ciertas precauciones que debemos tener muy presentes.

A diferencia de nosotros, que nos deleitamos con su dulzor, los gatos no perciben el sabor dulce de la misma manera. Carecen de los receptores gustativos específicos para este sabor, por lo que para ellos, la sandía será más una experiencia refrescante y húmeda que un festival de dulzura. Sin embargo, precisamente esta cualidad hidratante es la que hace a la sandía un posible complemento ocasional en la dieta de nuestros mininos.

El 90% de la composición de la sandía es agua, un dato crucial para entender sus beneficios. Los gatos son conocidos por su tendencia a beber poca agua, lo que puede predisponerlos a problemas urinarios, como la temida FLUTD (enfermedad felina del tracto urinario inferior) o incluso enfermedades renales. Ofrecerles un poco de sandía, en pequeñas cantidades y de forma esporádica, puede contribuir a aumentar su ingesta de líquidos, ayudando a prevenir estas afecciones. Imaginemos ese trocito de sandía como una pequeña dosis extra de hidratación, un aliado en la lucha contra la deshidratación, especialmente en los días más calurosos.

Pero no todo es agua en esta jugosa fruta. La sandía también contiene licopeno, un potente antioxidante que se ha relacionado con la prevención de enfermedades cardíacas y la protección de la salud ósea. Además, su aporte de fibra puede tener un ligero efecto laxante, beneficioso para gatos con tendencia al estreñimiento.

Es crucial recordar que la moderación es clave. Si bien la sandía ofrece ciertos beneficios, no debe convertirse en un alimento habitual en la dieta de nuestro gato. Un pequeño trozo, sin semillas ni cáscara, una vez por semana, es más que suficiente para aprovechar sus ventajas sin correr riesgos. La cáscara, por su dureza, puede ser difícil de digerir, mientras que las semillas representan un peligro de obstrucción intestinal.

Antes de introducir cualquier cambio en la alimentación de tu mascota, es fundamental consultar con un veterinario. Él podrá asesorarte sobre la cantidad adecuada de sandía que puedes ofrecer a tu gato, teniendo en cuenta su edad, estado de salud y necesidades específicas. Recuerda, la salud de tu felino amigo es lo primero, y una dieta equilibrada, supervisada por un profesional, es la base de su bienestar. No olvides que la sandía es un complemento, no un sustituto de su alimento habitual.

En definitiva, la sandía puede ser un capricho refrescante y saludable para tu gato, siempre y cuando se ofrezca con responsabilidad y siguiendo las recomendaciones veterinarias. Un pequeño gesto que puede marcar una gran diferencia en su bienestar, especialmente durante las altas temperaturas del verano.

Fuente: El Heraldo de México